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Le Cirque du Soleil

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Wednesday, April 11th, 2007
12:33 am - Capítulo 30: Sueños

Después de haber pasado gran parte de la noche en aquel bar, Fernando se fue a su casa y decidió no salir al día siguiente pues tenía un horrible dolor de cabeza. A media mañana, recibió una llamada de su padre: “¡Fernando! ¿Dónde demonios estás y dónde está Lety? ¿Qué no te acuerdas que te pedí que la citaras hoy a la junta?”

 

Fernando recordó que a su padre le urgía ver a su ex-asistente. “Ay, papá. Es que no sé dónde está y no sé como localizarla.”

 

Humberto se exasperó más: “No me interesa, Fernando. A lo mejor a ti no te importa lo que pase con Conceptos...o lo que queda de ella. ¡Pero a mí sí! Así que espero que se te ocurra algo para localizarla porque quiero a Leticia Padilla en la oficina lo antes posible”.

 

A Fernando no le dio tiempo de decir nada más porque su padre colgó el teléfono intempestivamente. Se puso a pensar en cómo podría dar con Lety y la única opción que encontró fue llamar a Tomás. Él, por supuesto que no quiso decirle donde se encontraba la chica pero aceptó darle el recado pues realmente se preocupó por la situación de Lety (o por lo menos eso fue lo que Fernando notó en su voz).

 

Después de hablar con Tomás, Fernando recibió una visita que no esperaba.

 

“Marcia, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar en la oficina tratando de rescatar los pedazos que quedaron de Conceptos?”

 

“Por Dios Fernando, no seas sarcástico. Este no es el mejor momento”.

 

Con hastío, el joven respondió: “¿Qué quieres? ¿Te mandaron mis papás a ver si de verdad iba a localizar a Lety?”

 

“No, vine por mi cuenta. Te traje las cosas que tenías en mi departamento. Además tenemos que hablar.”

 

“Ay, no. Pero ¿de qué? Si ya nos lo dijimos todo, no hay nada más.”

 

“Te equivocas, Fernando. Por si no te has dado cuenta, hay un pequeñito detalle que no hemos discutido. No le hemos avisado a los demás que la boda se canceló. Específicamente a tus padres.”

 

Fernando de pronto cayó en la cuenta que era cierto. Después de que había hablado con Marcia creía que ese asunto había quedado finiquitado. Luego de pensarlo un poco, suspiró y dijo: “Pues si quieres tú diles, no hay problema”.

 

“¿Ah sí? ¿Y se puede saber qué demonios les voy a decir?”

 

“Puedes inventarles la excusa que quieras. Diles que me volví gay o que como ya no hay dinero ni empresa no existe ninguna razón para que nos casemos. O ¡ya sé! Diles que tuve un amorío con mi asistente “fea” y que te dejé porque me enamoré perdidamente de ella pero que ahora ella me odia y mi vida es un infierno. ¿Qué te parece, eh? ¿Es muy original, no crees?”

 

Marcia, cansada de las ironías de su ex novio, se levantó del sillón: “Estás insoportable. ¿Qué crees que dirían Humberto y Teresita si yo les digo eso?”

 

“Te digo una cosa Marcia. NO-ME-IN-TE-RE-SA. Por mí pueden decir lo que se les pegue la gana. Como te podrás dar cuenta, en este momento lo que menos me preocupa es lo que digan o piensen los demás, y si no te importa, prefiero estar a solas.”

 

Marcia se apresuró a la puerta pero antes Fernando dijo algo más: “Y si lo que te preocupa es tener que avisarles a los invitados que todo se canceló, no te apures, yo puedo escribirles una nota o llamarlos por teléfono.”

 

“No, gracias Fernando. Prefiero hacerlo yo misma, porque con esa actitud que tienes no me puedo arriesgar que cometas una locura y divulgues tu...¿cómo podríamos llamarle?...tu “historia de amor” por el mundo.” Dicho esto, salió de la casa y volvió a dejar a Fernando solo.

 

Ya en la noche y después de desempacar las cosas que Marcia le había llevado en una maleta, se acostó en su cama y de pronto se dio cuenta que, si Tomás lograba convencer a Lety de regresar, faltaba muy poco tiempo para volver a verla.

Esta idea le produjo sentimientos encontrados. Por un lado, quería estar cerca de ella, verla, hablar con ella. Pero por el otro, estaba casi seguro de que ella lo trataría con desprecio y eso lo ponía muy mal. Sentía que podía soportar estar lejos de ella, pero no su frialdad y odio, lo cual estaba convencido que pasaría.

 

Estos pensamientos llenaron su cabeza y le impidieron descansar. En un momento en que se quedó dormido tuvo un sueño muy extraño. Estaba en una playa, de noche, caminando dentro del mar. En la playa estaba Lety, sentada en la arena y lo llamaba. Él se acercó y se sentó junto a ella. Entonces la chica comenzó a hablarle y le dijo que lo perdonaba, que ya no tendría ningún rencor hacia él, que ya no quería sufrir y que, de ahora en adelante, ambos serían libres. Después de eso, él se levantó y regresó caminando hacia el mar.

 

Fernando abrió los ojos y descubrió que estaba en su cuarto. Le atribuyó ese sueño al hecho de querer fervientemente que Lety lo perdonara aunque, muy en el fondo, algo le decía que todo había sido verdad. Como sea que fuere, lo que ocurrió le dio al joven una extraña paz y lo dejó dormir tranquilamente, como hacía mucho tiempo no lo había hecho.

 

Canción: Sueños interpretada por Diego Torres en el disco Un mundo diferente de 2001

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Sunday, January 28th, 2007
11:39 pm - Capítulo 29: Es Mejor Perdonar

Lety despertó muy temprano, así que se arregló con toda calma y luego fue a buscar a Carolina. Después de desayunar visitaron el lugar en el que se realizaría la subasta al día siguiente, y después se fueron a pasear por la ciudad.

 

Visitaron algunas de las plazas comerciales que Lety ya había visto, caminaron por la playa y después de comer tomaron el ferry hacia Isla Mujeres, donde estuvieron el resto de la tarde.

 

“¿Qué tal, Lety? ¿Te gustó?”

 

“Ay Caro, ¡me encantó! Este lugar es precioso”.

 

“Sí, ojalá que después tengas la oportunidad de venir para que conozcas toda la Riviera Maya”.

 

“Pues sí. Ojalá”.

 

Como al día siguiente tenían que levantarse muy temprano y trabajar durante todo el día, cenaron algo ligero y cada quien se fue a su habitación. Cuando Lety iba entrando a la suya sonó el teléfono.

 

“Lety...¿Cómo estás?”

 

“¡Tomás! Qué alegría escucharte. ¿Todo está bien?”

 

“Sí...bueno...no...bueno...más o menos”.

 

“¿Qué pasa?”

 

“Hace rato me llamo Fernando Mandiola”. Al escuchar este nombre Lety se estremeció. Estaba haciendo un esfuerzo muy grande por olvidarse de él, pero ahora que Tomás lo había nombrado, la tristeza y la rabia se habían vuelto a apoderar de ella.

 

“Ah...y ¿qué te dijo?”

 

“Lo que pasa es que...quieren que regreses a Conceptos”, contestó Tomás con ciertas reservas.

 

“¡¡¿¿Queeé??!! ¿Pero por qué? Yo ya renuncié, ya no tengo nada que ver con ellos”.

 

“Pues no Lety. Mira, la verdad es que estuve analizando las cosas y todo lo que dicen es cierto. Tú renunciaste como asistente de Presidencia pero sigues siendo dueña de FilmoImagen y como el proceso de embargo de Conceptos sigue vigente pues tú eres la dueña de ambas empresas, hasta que no se liquide la deuda”.

 

A pesar de todo, Lety sabía que esto era cierto. Ella había intentado obviar esa situación pero a final de cuentas ella era la responsable de las dos compañías.

Lety preguntó con cierto fastidio: “¿Y qué se supone que quieren que haga?”

 

“Pues ellos te necesitan al frente de Conceptos para que les ayudes a buscar una solución para terminar con los compromisos que existen con FilmoImagen...cuanto antes”.

 

Lety se quedó en silencio, tratando de asimilar la situación que tenía enfrente. Tomás continuó hablando: “Por lo pronto quieren que estés en la empresa, lo antes posible, si se puede mañana, mejor”.

 

“Ay no Tomás. Yo no puedo mañana. Mi trabajo con Carolina todavía no termina. El evento que estamos planeando es justamente mañana por la noche. Regresamos a México el sábado, o sea, pasado mañana, no muy tarde”. Lety hizo una pausa y después de pensar un poco concluyó: “Avísales que el lunes yo estaré en Conceptos a primera hora”.

 

Todavía después de haber colgado, Lety siguió un buen rato dándole vueltas al asunto. Aquella breve estancia en Cancún la había hecho olvidarse de muchas cosas. Pero sabía que tarde o temprano tendría que volver a México a enfrentar todo...y a todos. No le preocupaba el tener que darles la cara a los Mendiola-Villarroel, eso era lo de menos. Lo que la tenía más nerviosa era que tendría que volverlo a ver...a él.

 

No se habían visto desde que se despidieron para que él hablara con Marcia. Ella no había vuelto a verlo a los ojos después de que descubrió la fatídica carta de Carvajal. Tenía miedo de cómo reaccionaría ella. Tenía miedo de volver a caer en sus brazos y olvidar todo lo que había ocurrido.

 

Lety trató de dormir pero fue inútil. No podía quitarse de la cabeza que en dos días tendría que enfrentarse con Fernando Mendiola. Pensó que tenía que hacer algo para quitarse aquella sensación. Carolina la necesitaba al 100% para el siguiente día y si ella seguía así, no podría hacerlo.

 

Entonces se le ocurrió algo. Se levantó y salió hacia la playa. Se sentó en la arena y se quedó mirando el horizonte, aunque por ser muy tarde ya no se podía distinguir donde terminaba el cielo y empezaba el mar. De pronto, vio a Don Fernando, vestido de blanco, saliendo del mar, acercarse y sentarse junto a ella.

 

Lety sabía lo que tenía que hacer. “Don Fernando, a pesar de todo lo que me hizo sufrir, yo lo perdono. Lo perdono porque no puedo ni quiero seguir guardando rencores ni odios dentro de mí. Porque quiero continuar con mi camino y la única forma de hacerlo es dejando ir todo lo malo que me detiene y no me deja ir hacia delante. Lo perdono Don Fernando porque ya no quiero seguir sufriendo. Quiero empezar una nueva etapa en mi vida y por eso ahora lo dejo ir. Puede irse. Es libre y yo soy libre también”.

 

Cuando terminó de hablar la imagen de Fernando se levantó y caminó de regreso por donde había venido hasta que desapareció. En ese momento, Lety sintió como si saliera a la superficie después de haber pasado mucho tiempo aguantando la respiración bajo el agua. Con una sonrisa en los labios regresó a su habitación y pudo dormir tranquilamente, como hacía mucho tiempo no lo había hecho.


Canción: Es mejor perdonar interpretada por Daniela Romo en el disco Gitana de 1987



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Friday, January 26th, 2007
10:40 pm - Capítulo 28: God Only Knows

Después de haber pasado toda la noche en el piso de la pequeña oficina de Lety, Fernando despertó adolorido de todo el cuerpo por las pésimas condiciones en las que había dormido. Por un momento no supo donde estaba ni lo que ocurría, pero después recordó el viaje por sus recuerdos que había realizado el día anterior y cómo era que había llegado justo ahí, donde la historia de su gran amor por Lety había comenzado...y terminado.

 

Escuchó que alguien entraba a la Presidencia, salió y se encontró con Marcia.

“¿Fernando? ¿Qué haces aquí y con la misma ropa de ayer? No me digas que te quedaste a dormir en la oficina”.

 

Fernando no tenía ganas de hablar y mucho menos con Marcia así que ignoró la pregunta.

 

La joven no insistió más al respecto pero volvió a hablar: “Ariel sale hoy del hospital. Por cierto, ayer estuve hablando con él y me dijo que ya sabía todas las estupideces que hiciste con la empresa”.

 

Fernando continuó en silencio. “De hecho por eso tuvo el accidente. Porque venía a toda velocidad para desenmascararte ante todos”.

 

“Me imagino que entonces debe de estar muy desilusionado porque yo solito me entregué y le quité su momento de gloria, ¿no?” dijo el joven con cierto sarcasmo.

 

“No puedo creer que te expreses así de mi hermano que está herido en el hospital y que...en cierta forma....es por tu culpa”.

 

“¿Sabes qué Marcia? Realmente me importa un cacahuate lo que tú y todos los demás piensen. En estos momentos nada me interesa, así que tú y tu hermanito pueden decir lo que se les antoje”. Dicho esto salió de la oficina dejando a Marcia bastante sorprendida.

 

Afuera, Fernando se topó con el cuartel, quienes platicaban sobre la renuncia tan sorpresiva de Lety y la salida intempestiva de la empresa, de Omar Carvajal. Cuando vieron a Fernando, se quedaron calladas y se pusieron a hacer como si estuvieran trabajando; él se siguió de largo y ellas le siguieron al chisme, mientras Alicia trataba de escuchar, muy disimuladamente, todo lo que decían.

 

El joven vio el reloj y recordó que la reunión extraordinaria a la que su padre había citado estaba por comenzar así que entró a la sala de juntas. Todos lo miraron; y antes de que alguien hablara, él tomó la palabra:

 

“Antes de que se tome ninguna decisión, quiero decirles que ya tengo lista mi carta de renuncia como Presidente de esta empresa. Supongo que nadie tendrá ningún inconveniente y además Omar Carvajal también decidió separarse de su cargo. Me imagino que en cualquier momento lo hará de manera oficial. Ahora, si no les importa, me retiro”.

 

“No Fernando, ¡un momento! ¡Por supuesto que importa! ¡No te puedes ir así como así! Sigues siendo accionista de esta empresa, y además, tú mejor que nadie conoces la situación y supongo que podrás ayudar a buscarle una solución. Y además quiero que me localicen a Omar Carvajal porque él también tiene que estar aquí”, exclamó Humberto.

 

Fernando salió un momento para dar esta última orden a las secretarias y después volvió a la sala de juntas.

 

“Bien. Me tomé la libertad de llamar al Licenciado Santamaría, nuestro abogado, para que nos asesore sobre la mejor forma de proceder”, continuó Humberto.

 

Mientras le explicaban al abogado como estaba la situación, Fernando seguía pensando en Lety sin escuchar lo que se decía en la sala. Un rato más tarde, apareció Omar y todos lo miraron con desprecio.

 

“Bueno, Lic. Ahora que ya sabe toda la historia, ¿qué es lo que podemos hacer?” preguntó Marcia.

 

“Pues la única solución que yo veo aquí es que la Licenciada Padilla regrese para hacerse cargo de las empresas. Ella, por lo pronto, como dueña de FilmoImagen, es también propietaria de Conceptos debido al embargo. Así que, como tal, tiene que hacerse cargo de las dos compañías”.

 

Todos se quedaron en silencio, debido a la sorpresa que esto les había provocado.

 

“Y para que Conceptos pueda volver a mano de sus dueños originales, tiene que cubrir la deuda con FilmoImagen para que ésta pueda, a su vez, saldar cuentas con los bancos”.

 

“¿Está seguro de que no hay otra solución?” cuestionó Teresita.

 

“Bueno, FilmoImagen podría quitar el embargo a Conceptos, pero entonces los bancos se les vendrían encima, lo cual sería mucho peor ya que ellos no tardarían en quitarles su empresa para rematarla y no quedaría nada. Teniendo a FilmoImagen, pueden tratar de llegar a un acuerdo con la Licenciada Padilla para los plazos de pago de las deudas”.

 

Humberto rompió el silencio. “No se diga más. Fernando, localiza a Leticia y pídele que se presente mañana mismo en Conceptos”.

 

Fernando no tuvo ni tiempo de decirle que no tenía ni la más remota idea de dónde estaba, porque su padre se levantó y salió de la sala de juntas seguido de Teresita y Marcia. Omar ni se dignó a mirarlo y también se fue, junto con los demás.

 

Entonces Fernando se puso a pensar en cómo le haría para traer de vuelta a Lety, aunque sabía que sería muy difícil.

 

Una vez más, Fernando estaba en su carro pero sin saber a dónde ir. Dentro de él había muchas sensaciones diferentes. Quería huir, salir corriendo, dejar todo y a todos atrás. Quería alejarse de él mismo. Necesitaba ver a Lety, hablar con ella, explicarle. Pero sentía que no podría verla a los ojos, no tenía cara para enfrentarla después de lo que le había hecho.

 

Lo único que se le ocurrió fue irse a meter a un bar para ahogar sus penas en algo que lo haría olvidarse (por lo menos por un rato) de todo lo que le estaba ocurriendo. Estuvo bebiendo mientras continuaba repasando una y otra y otra vez todos los momentos, buenos y malos, que había vivido con Lety.

 

De pronto, tuvo la certeza de que Lety jamás lo perdonaría. Que jamás lo dejaría siquiera explicarle lo que había ocurrido. Ella nunca sabría todo lo que en verdad la amaba. Eso lo hizo sentir una desesperación terrible, como si hubiera naufragado en medio de una tormenta, en la noche, y nadie nunca fuera a rescatarlo, ni siquiera a saber que estaba ahí.

 

Entonces tomó una servilleta y con un bolígrafo escribió: “Lety: Sólo Dios sabe cuanto la amo. Fernando”. Después, la besó, la guardó en uno de los bolsillos de su saco, y se quedó un rato más en aquel bar, sufriendo por su amor perdido.

 

Canción: God Only Knows interpretada por los Beach Boys en el disco Pet Sounds de 1966

Continuará...


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Tuesday, January 23rd, 2007
11:55 pm - Capítulo 27: Best is Yet to Come

A la mañana siguiente, Lety se levantó muy temprano pues Carolina y ella tenían mucho trabajo porque la subasta se les venía encima y aun les faltaba ultimar muchos detalles.

 

Después de desayunar, tenían que ir a ver a algunos empresarios para que les ayudaran patrocinando el evento. Como tenían varias citas y no mucho tiempo, Carolina sugirió que se dividieran y cada una visitara a diferentes personas. Cuando Lety supo esto se puso muy nerviosa.

 

“Ay no Caro. ¡Cómo crees! Yo no puedo ir a hablar con esos señores”.

 

“Pero ¿por qué no Lety? Si yo sé que cuando trabajabas en Conceptos tenías que tratar con los gerentes de los bancos e incluso con las agencias de publicidad”.

 

“Pues sí pero eso era diferente”

 

“Ah, ¿y se puede saber como es que era diferente?”

“Pues porque...porque...pues allá... yo...pues...”

 

“Ya ves Lety, no puedes pensar en una razón válida. Y mejor ya empezamos porque no tenemos mucho tiempo”.

 

“Pero Carolina, ¿qué se supone que les voy a decir?”

 

“Eso ya lo sabes. Nos la hemos pasado hablando del evento y además tienes los antecedentes de todo lo que platicamos con las autoridades el otro día. Aparte toda la información está en las carpetas que vas a entregar a los empresarios y yo confío mucho en tu juicio y estoy segura que sabrás que decir”.

 

“Pero...”

 

“Adiós, Lety. Nos vemos aquí a la hora de la comida para ver lo que conseguimos, ¿Ok?”

 

A Lety ni siquiera le dio tiempo de despedirse apropiadamente de Carolina porque ella salió rápidamente del lobby hacia la calle.

 

La chica se quedó unos momentos, parada ahí, sin saber que hacer. Estaba muy nerviosa porque no quería tener que enfrentarse con aquella gente que no conocía, ni sabía como iba a reaccionar. Con los gerentes de los bancos por lo menos ya sabía a qué atenerse y cómo hablar con ellos, pues la economía y las finanzas eran lo suyo, pero en esta ocasión no tenía ni idea de cómo convencer a los dueños de grandes negocios para que apoyaran una buena causa.

 

Recordó que Carolina le había dicho que no podían retrasarse así que reaccionó y salió a la calle para tomar un taxi y así iniciar con la larga jornada que tenía por delante. Mientras se dirigía hacia su primer destino, iba tratando de encontrar ideas para lo que tendría que decir.

 

Al principio se sentía bastante insegura, pero conforme fue visitando a los empresarios tomó más seguridad. A cada momento le surgían nuevas ideas y lograba mejores respuestas lo que la hizo sentir muy bien.

 

Cuando terminó sus visitas de la mañana regresó al hotel ansiosa por contarle a su amiga de los logros obtenidos. Aunque todavía era temprano y no llegaba Carolina, decidió salir a la terraza para observar el mar Caribe, que también se había convertido en un buen amigo.

 

Mientras veía el horizonte, sintió que alguien se acercaba y cuando volteó descubrió que se trataba de Aldo. Su presencia la hizo sentir un poco incómoda y recordó lo que había ocurrido el día anterior.

 

“Hola, Lety. ¿Cómo te va hoy?”

 

“Bien, bien. Gracias.”

 

“Oye Lety, quería pedirte una disculpa porque ayer siento como que te molestó cuando te hablé en la playa”.

 

“Ay, no...este...no. Cómo cree”.

 

“De verdad. Perdón si te asusté. No fue mi intención. Y por eso quiero compensarte. ¿Qué te parece si te invito a comer? Bueno, claro. A ti y a Carolina”.

 

“Ay, este...” En ese momento, la susodicha apareció. “¡Aldo, qué milagro! No te había visto desde que comimos juntos el otro día”.

 

“Bueno, es que he andado algo ocupado y creo que ustedes también, ¿no?”

 

“Pues sí. Bastante diría yo. ¿Comemos, Lety?”.

 

“Justamente le estaba diciendo a Lety que quería invitarlas a comer a las dos. ¿Qué te parece?”

 

“Me parece perfecto, Aldo. Así nos seguimos poniendo al corriente, porque el otro día ya no pudimos seguir platicando”.

 

Durante la comida, Aldo se portó muy amable y hasta divertido, por lo que Lety pensó que quizás se había apresurado a juzgarlo y en realidad era una buena persona, y decidió darse una segunda oportunidad para conocerlo.

 

Después de que Aldo se despidió, las chicas se pusieron a hablar sobre lo que habían hecho por la mañana. “¿Qué tal te fue con los inversionistas?”

 

“Ay, Carolina no sabes todo lo que conseguí. Logré que cinco de los siete empresarios con los que hablé, firmaran como patrocinadores y los otros dos dijeron que por el momento no podían pero que les interesaban mucho este tipo de proyectos y que estarían dispuestos a apoyarnos en el futuro.”

 

“Wow, Lety. Yo sabía que podrías hacerlo. Yo sólo logré convencer a cuatro y los otros tres me dijeron de plano que no. Espero que con esto te des cuenta y termines de aceptar las capacidades que tienes”.

 

La chica sólo se rió. Después de eso continuaron con sus visitas, esta vez para cerrar los tratos con los artistas que iban a donar sus obras para la subasta. Todo salió a pedir de boca y se vislumbraba que el evento lograría todos sus objetivos.

 

Aquel día tan productivo le hizo sentir a Lety un poder que jamás había experimentado. Ahora se estaba empezando a creer todo lo que Carolina se la pasaba repitiéndole. Estaba empezando a creer en sí misma y en los alcances de sus habilidades, y sentía que venían muchas más cosas buenas para ella.

 

Ya por la noche, hicieron un recuento de lo conseguido y quedaron de verse muy temprano al día siguiente para ultimar los detalles y después darse el resto del tiempo libre pues la subasta sería hasta pasado mañana.

 

Cuando Lety ya se estaba alistando para dormir oyó que tocaban a su puerta pero como no estaba segura de que realmente hubiera sido en su cuarto no hizo mucho caso. Pero a los pocos minutos volvió a escucharlo entonces se levantó y puso el ojo en la mirilla. Como no había nadie decidió abrir la puerta. Cuando lo hizo comprobó que el pasillo estaba completamente vacío y lo único que había era una rosa roja al pie de su umbral.

 

La tomó despacio, volvió a cerciorarse de que no hubiera nadie alrededor y regresó a su habitación. Después de que cerró la puerta, el hombre escondido al final del pasillo esbozó una sonrisa extraña y se alejó.

 

Canción: Best Is Yet To Come interpretada por Frank Sinatra en el disco It Might as well be Swing de 1964

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Tuesday, January 16th, 2007
11:21 pm - Capítulo 26: Nada Es Igual Sin Ti
Después de haberle confirmado a Marcia que sus sospechas eran ciertas y que era verdad que se había enamorado de Leticia, Fernando salió de la empresa y se subió a su automóvil aunque en realidad no sabía hacia donde iba.

No quería ir a su casa porque sabía que ahí estarían sus padres y no tenía intenciones de verlos. Ya había aceptado su culpa pero no tenía ánimos de que le siguieran recordando todas sus fallas y fracasos, así que decidió seguir manejando.

Así llegó hasta el bar donde había besado a Lety por primera vez. Claro que por ser tan temprano aun estaba cerrado pero ahí afuera Fernando recordó como si fuera ayer, aquel día en el que había salido de la oficina con Omar y Lety con el pretexto de hablar de negocios y después de un rato (y bastantes whiskies) se había animado a besar a su “fea” asistente, por órdenes de su amigo. Se acordó como después de que Lety salió en shock del bar, él se limpió la boca con una hoja que había por ahí. En ese momento había sentido repulsión por ella, pero ahora la repulsión se la provocaba él mismo. ¿Cómo era posible que hubiera actuado de esa forma tan asquerosa?

Un rato después se dio cuenta de que estaba en el parque en el que le había confirmado a Lety sus “sentimientos” una noche después de aquel beso. Recordó como, sentados en los columpios, el le había hablado de la luna y la había vuelto a besar mientras pensaba en Paty Manterola. Los malos pensamientos volvieron a atacarlo y volvió a irse.

Luego llegó al famoso Megatrón. Aquella noche fue toda una locura. Se suponía que irían ahí porque era un lugar discreto y a últimas terminaron cantando y casi descubiertos por Paula María. La verdad era que se había divertido mucho, como hacía tiempo no lo hacía.

Siguió su camino y un rato más tarde estaba frente a la casa de Lety. Por supuesto que sabía que ella no estaba ahí pero algo lo había llevado hasta ese lugar. Estando ahí afuera otra memoria vino a su mente. La noche del cumpleaños de Lety. A pesar de que había ido a regañadientes, no se lo había pasado tan mal, si no fuera porque se dio la enchilada de su vida. Pero ese día había sido muy especial, aunque en ese momento no se hubiera dado cuenta.

Esta idea lo llevó a su siguiente parada. El hotel donde hizo por primera vez el amor con Lety. Casi logró volver a sentir el nerviosismo que tenía aquella noche. En esa ocasión sintió que ya había llegado demasiado lejos. Estuvo a punto de irse de ahí sin hacer nada pero al ver llorar a Lety, se le rompió el corazón. A pesar de que todavía tenía ciertas reservas con su asistente, ella había logrado inspirarle un cariño y una ternura inigualables, y por eso el verla ahí, tan frágil y desprotegida, lo inspiró. Después de que hicieron el amor, él se sintió terrible, pues de alguna forma sentía que ya no había vuelta hacia atrás, pero a partir de aquel momento dejó de ver fea a Lety, y un sentimiento puro empezó a crecer dentro de él.

Ahora Fernando podía ver esto, pero en aquel entonces no se dio cuenta. ¿Cómo había sido tan imbécil? Como por inercia, llegó al museo de cera y recordó que el día que habían ido allí a la presentación de la estatua de Luigi, Lety estaba muy enojada con él porque le había hecho más caso a Paty Manterola que a ella.

Un rato más tarde estaba afuera del edificio donde vivía Omar. Seguro él estaría ahí dentro, bastante enojado por su reciente pelea, pero a Fernando eso era lo que menos le importaba ahora. Estaba ahí porque ese lugar le traía más recuerdos. Era ahí donde había hecho el amor con Lety por segunda ocasión. Eso lo hizo sentir feliz, pero a la vez triste, pues ahí mismo ella le había contado aquella historia que le avergonzaba y que a él había atormentado desde el momento mismo en que la escuchó. Fernando por un momento no supo quien era más desgraciado. Si aquel hombre que había ilusionado a Lety por ganarse unos cuantos pesos, o él mismo por no haberse sincerado con ella al darse cuenta de que se estaba repitiendo esa infame historia.

Un rato más tarde, Fernando estacionó su automóvil frente al club donde habían grabado el comercial con Pilar Zacarías. Eso si que le trajo buenos recuerdos. Ese día se habían divertido mucho, a pesar de haber sufrido las de Caín para conseguir a la modelo. Pero a final de cuentas, todo había salido perfectamente bien, gracias al excelente equipo que Lety y él formaban.

Mientras continuaba su camino sin rumbo, Fernando vio pasar un avión y esto lo hizo recordar el viaje a Alemania que había hecho con su amada. Qué contento se había puesto cuando encontró aquella oportunidad de pasar unos días a solas con ella. Y, aunque no habían logrado cerrar el contrato millonario por el que había viajado se lo habían pasado muy bien. Habían paseado por Munich y habían ido a un partido de la Selección Nacional. Esto también lo hizo acordarse de la angustia que le provocó que su Lety se le desapareciera por una noche entera, que más bien a él le pareció como un siglo. Pensó que en aquel momento, él había descubierto lo mucho que le preocupaba y le importaba ella.

Después de un rato dando más vueltas, Fernando descubrió que se encontraba cerca de la salida a Cuernavaca y eso le trajo más recuerdos sobre su romance perdido. En aquella ciudad había pasado varios momentos hermosos y divertidos con Lety. Ahí habían reforzado su relación.

Ya era de noche cuando regresó a Conceptos por lo que la empresa estaba prácticamente vacía. Entró a la Presidencia y fue directamente a la bodega que había servido de oficina para Lety. Se sentó en su silla y ahí terminó el recorrido que había realizado, no sólo por la ciudad, sino por las memorias de aquel amor tan grande.

En ese lugar, recordó los últimos días que había pasado con ella. Cómo habían discutido y sufrido por lo que ocurriría con Marcia. Cómo habían pasado una noche entera terminando el maquillaje del balance y haciendo planes para el futuro. Ese futuro que antes lo habían tenido casi en sus manos y ahora se veía tan distante y prácticamente imposible de alcanzar.

Ahí, en la oscuridad de aquella oficina sin ventanas, Fernando dejó que las lágrimas volvieran a arrasar sus ojos y cayeran rápidamente por sus mejillas. “Lety. Mi Lety. ¡Cuánto la extraño!”

Canción: Nada es igual sin ti, interpretada por Jaime Camil en el disco Para Estar Contigo de 2000

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Wednesday, January 3rd, 2007
10:50 pm - Capítulo 25: Arena y Sol
Después de despedirse de Carolina, y todavía un poco nerviosa, Lety empezó a caminar por la avenida principal de Cancún.

Inició con un paso lento y temeroso, pero conforme avanzaba, éste se transformó en rápido y decidido. En su camino se topó con varias plazas comerciales, y aunque al principio sentía ganas se regresar, finalmente entró. Ya dentro, se detuvo en varios aparadores a observar la ropa, las joyas y todo tipo de accesorios que vendían.

Mientras los observaba, su mente se puso a divagar y se preguntó si ella se vería igual de linda que todas las mujeres que, dentro de las tiendas, se probaban y compraban aquellos atuendos. Pero después pensó que todo era una tontería y prefirió continuar con su camino.

Luego de un rato, Lety pensó que debía volver al hotel pues había quedado de cenar con Carolina. Como todavía no era muy tarde, decidió caminar un rato por la playa para sentir la frescura de la arena bajo sus pies y estar más cerca del mar que, como había descubierto, le fascinaba.

Mientras observaba el mar, recordó lo bien que se había sentido durante su paseo. El andar ella sola le dio una sensación de seguridad que jamás había sentido. Se dio cuenta que podía valerse por si misma. No necesitaba de otras personas para hacer las cosas. Había podido ir y venir en una ciudad totalmente desconocida para ella, y lo mejor de todo era que se había divertido mucho.

Nunca había pensado que pudiera lograr algo así, y aunque le dolió reconocerlo, se debía a que sus padres, en especial Don Erasmo, la habían protegido demasiado y no la habían dejado tener más libertad.

Tan metida estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta que alguien se le acercaba y la llamaba.

“Lety...Lety”

“¿Eh? Ah... Perdón, usted es el amigo de Carolina, ¿Aldo verdad?”

“Parece que ahora la distraída es otra”.

“Ay, no perdón, es que estaba pensando muchas cosas”.

“No te preocupes. Entonces ¿qué te parece Cancún?”

“Bueno todavía no he tenido la oportunidad de conocerlo todo pero lo que he visto me gusta mucho. Es una ciudad muy bonita”.

“Ah...¿y te gustaron las plazas comerciales?”

Esta pregunta sacó un poco de balance a Lety: “¿Cómo sabe que visité las plazas comerciales?”

“Bueno es que...es que vi que venías caminando de aquel lado y pues por allá hay varias plazas y no sé, me imaginé que habías ido a visitarlas”.

“Ah...bueno...Sí, pues sí, hay muchas cosas lindas”. Lety no había quedado muy convencida por esta respuesta. De pronto, sintió unas ganas muy grandes de volver al hotel.

“Híjole, Aldo. ¿Sabe qué? Ya me tengo que ir porque voy a cenar con Carolina y se me está haciendo tarde”.

“Si quieres te acompaño. No se te olvide que estamos en el mismo hotel y si quieres te muestro más lugares de por aquí. Aunque yo vivo en Acapulco, antes venía muy seguido para acá y conozco muy bien la ciudad.”

“Aaaay...no...No se moleste. Mejor usted siga paseando, yo de verdad me tengo que ir porque no quiero dejar esperando a Carolina. Luego nos vemos”. Lety tenía ahora una extraña sensación, había algo en aquel hombre que no le convencía.

“Está bien. Pero háblame de tú, ¿sí?”

“Sí...sí...hasta luego”. Lety casi corrió de regresó al hotel, mientras Aldo la observaba hasta que se perdió en la lejanía.

Un rato más tarde, y ya cuando el sol se estaba poniendo, Lety llegó a su habitación. Todavía estaba nerviosa y lo peor era que no sabía por qué. Bueno, sabía que tenía que ver con Aldo pero no estaba segura de qué era.. Ya más calmada, fue por Carolina a su cuarto.

“¡Lety! Pásale. ¿Qué tal te fue en tu paseo?”

“Muy bien, Caro. Me metí a varias plazas comerciales y me puse a ver las tiendas. Y ya después me fui un ratito a caminar por la playa, y la verdad es que me divertí mucho”.

“¡Qué padre Lety! Me da mucho gusto, pero te noto algo preocupada. ¿Qué pasó?. Es por lo que te pasó en Conceptos, ¿verdad?”

“Eh...este sí...sí es eso Carolina”. Lety no se animaba a contarle a Caro lo que le había pasado con Aldo, primero porque era su amigo y segundo, porque no sabía a ciencia cierta que era lo que ocurría.

“¿Ya estás lista para contarme lo que pasó?”

“Sí, Caro. Ahora en la cena te contaré todo lo que ocurrió”.

Después de cenar, y ya con conocimiento de la situación, Carolina estaba sorprendida.

“No lo puedo creer, Lety. Es que todavía no puedo creer que Fernando y Omar hayan hecho todo eso. Nunca los creí capaces. Bueno, ya sé cómo son, pero no creí que llegaran a tanto.”

“Pues créelo Carolina porque es verdad. Don Fernando y Don Omar armaron todo ese ‘plan perfecto’ para no perder ‘su empresa’ y en el camino me llevaron con ellos”. Lety había entristecido y unas lágrimas rodaban por su rostro. Durante los días que había pasado en Cancún casi no había pensando en aquello pero de tan solo recordarlo todo su mundo se derrumbaba.

“Ay, Lety. Ahora entiendo todo. Tu actitud, tu prisa por irte lejos. Me imagino que te debes de estar sintiendo muy mal.”

“Pues sí, pero creo que estos días aquí me han hecho mucho bien”.

“¡Qué bien! Pero ya no hablemos de cosas tristes. Mejor terminamos de planear lo de la subasta ¿te parece?”

Las chicas pasaron un buen rato organizando la subasta de arte para la que faltaban pocos días. Ya estaba bien entrada la noche cuando se despidieron. Lety se quedó unos momentos mirando el mar y luego se dirigió a su habitación. Cuando caminaba por el pasillo sintió como si alguien la siguiera. Se detuvo y miró hacia atrás pero no vio a nadie. Siguió adelante y tuvo la misma sensación, pero de nuevo no había nadie. Rápidamente entró a su cuarto y se cercioró que los pasadores y los seguros estuvieran bien puestos.

Mientras, afuera el hombre se acercó unos momentos a la puerta por la que había entrado la mujer y después se fue.

Continuará...

Canción: Arena y Sol interpretada por Marta Sánchez en el disco Mi Mundo de 1995

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Friday, December 22nd, 2006
2:51 pm - Capítulo 24: La Tortura
En ese momento entró Omar cuestionando a su mejor amigo: “¿Por qué lo hiciste Fernando? No entiendo si todo había salido bien en la junta de ayer. Nadie sospechaba nada”.

Fernando no se había atrevido a decirle que se había enamorado de Lety. Había pensado que no tenía caso arriesgar un sentimiento tan puro con alguien que seguro lo haría parecer lo peor. Pero a estas alturas ya no le importaba.

“¿De verdad quieres saber por qué lo hice?¿De veras?”

“Sí, sí, sí. Quiero saber que te hizo tomar una decisión tan estúpida”.

“Jajaja. Mira quien habla. Bueno pues ahí te va. Dije la verdad porque ya no podía más con eso. Ya no podía seguírmelo guardando. No me había dado cuenta de cuanto me pesaba pero ¿sabes qué fue lo que me decidió? El hecho de que Lety se haya ido.

“Ay por Dios Fernando, ¿y eso qué?”

“Eso fue un golpe muy duro para mí. Tanto, que me hizo reaccionar y darme cuenta de que todo lo estaba haciendo mal.”

“No te entiendo, Fernando. ¿Cómo puede afectarte tanto que la gargolita se haya ido?”

Fernando se levantó de su asiento y se avalanzó sobre Carvajal: “¡No te atrevas a volver a llamarla así, imbécil!”

“¿Qué te pasa, Fernando? ¡Suéltame!”

“¡¡¡¿No te das cuenta, Omar?¿No te das cuenta de que si reacciono así es porque estoy enamorado de Lety?!!!”

“¡¡¡¿¿QUÉ?!!!”

“Así como lo oíste. AMO A LETY. LA AMO CON TODAS MIS FUERZAS.”

“¿Pero no entiendo?¿Cómo...”

“¿Sabes qué Carvajal? No quiero seguir hablando de esto y mucho menos contigo. ¡Todo esto es tu culpa!”

“¿Qué?”

“TÚ fuiste el que tuvo la ‘maravillosa’ idea de enamorar a Lety. TÚ me convenciste de engañarla. TÚ escribiste esa maldita carta con instrucciones, que Lety encontró y así descubrió toda la verdad. TÚ y solamente TÚ eres el culpable”.

Omar se había molestado mucho después de escuchar estas palabras: “Ah no, Fernando. Perdóname pero eso no es cierto. Tienes razón a mí se me ocurrió lo de enamorarla y escribí la carta y todo lo que quieras, pero yo JAMÁS te obligué a que lo hicieras. Si de verdad te hubiera importado tanto, no me hubieras hecho caso, no hubieras aceptado mi plan y hubieras podido buscar otra forma de rescatar a la empresa. Pero no lo hiciste. Así que no me vengas que esas estupideces de que yo soy el responsable de todo, porque no es así y ¡tú lo sabes muy bien! ¡TÚ estuviste de acuerdo con enamorar a la gargolita!”.

Fernando estaba cada vez más enojado y esta vez le soltó un puñetazo en la cara a su amigo: “¡Lárgate de aquí imbécil! ¡No te quiero volver a ver por aquí!”

“¡Después de esto, ten por seguro que no me verás jamás! ¡Hasta nunca Fernando Mendiola!”

Fernando se quedó un buen rato sentado repasando lo que acababa de ocurrir, torturado por sus pensamientos. Había perdido a su mejor amigo por culpa de Lety. No, no era culpa de Lety. Era culpa de Omar y, aunque le costara reconocerlo, era su culpa. Carvajal tenía razón, por más que le doliera, él había aceptado participar en ese macabro juego. Él había aceptado engañarla por el bien de la empresa. Él había provocado todo lo que estaba ocurriendo.

De pronto recordó que aun había un asunto del que no se había hecho cargo. Marcia. Todavía no había hablado con ella. El día anterior lo había intentado pero no lo había logrado. Sabía que ya no podía posponerlo más tiempo. No importaba que Marcia tuviera ya suficiente sufrimiento por el estado de salud de su hermano y la noticia de haber perdido la empresa en manos de “la fea”.

Bueno, no era que no importara, claro que sí, pero Fernando tenía la necesidad de hablar con ella. De romper su compromiso.

Entró a la oficina de la producción ejecutiva y se la encontró sentada detrás de su escritorio.

“¿Qué quieres, Fernando?” dijo con una voz que denotaba cansancio, hastío y molestia.

“Tenemos que hablar, Marcia”.

“¿No crees que ya hablamos lo suficiente? ¿O es que tienes algo más que agregar a esa ‘infortunada’ lista?”

“De hecho sí. Esto es algo que íbamos a hablar ayer, Marcia”.

La chica se enderezó en su asiento, pues recordó aquella fatídica tarde, cuando Fernando había tratado de decirle las últimas palabras que ella quería escuchar. Afortunadamente, el teléfono la había salvado (esto en cierta forma era una ironía, porque aquella llamada había resultado igual de terrible).

“Ahora no, Fernando. Por favor”.

“No, tiene que ser ahora, Marcia. Además tú ya sabes de qué se trata, así que no tiene caso que sigamos aplazando este momento que en algún momento tiene que llegar”.

Marcia guardó silencio y esperó a que Fernando hablara: “Como tú misma lo dijiste ayer, quiero que cancelemos la boda. Además, después de lo que pasó hoy no creo que todavía quieras casarte con un mentiroso como yo”.

El silencio, de parte de ella, continuó: “Pero, en un acto de honestidad, necesitas saber exactamente por qué decidí terminar con todo, y por qué hoy me entregué ante el comité”.

Esto intrigó a Marcia: “Es otra mujer, ¿verdad?”

Fernando respondió: “Yo dejé de amarte hace mucho tiempo, mucho antes de que esta mujer apareciera en mi vida. Pero era algo que no había aceptado. Creo que ni siquiera me lo había planteado. Hasta que la conocí y empezó a tener un significado muy importante dentro de mi vida. Con ella descubrí el amor de verdad, sentí cosas que jamás había sentido con nadie más”.

Fernando notó que unas lágrimas escurrían por el rostro de Marcia y dijo: “Perdóname que te lo diga tan crudamente, pero realmente necesito ser sincero contigo. No puedo seguir engañándote. No te lo mereces. Te mereces saber toda la verdad. Tal y como ocurrió”.

Marcia siguió llorando, pero el joven no podía detener su relato: “Esa mujer, su presencia y su amor, me cambiaron la vida. Yo no creía que eso fuera posible, pero así fue. Ella me hizo sentirme amado como nunca y a la vez libre. Pero acabo de perderla, por una estupidez. Una estupidez mía y me parece que será muy difícil que ella me perdone, pero su alejamiento me hicieron tomar esta decisión. Me ayudaron a darme cuenta en el error en el que he vivido. Todo esto me hizo convertirme en un hombre nuevo, renovado y, aunque el dolor de no tenerla cerca me está matando, siento una calma muy especial dentro de mí. Es como si viera al mundo a través de un cristal por el que nunca lo hubiera visto”.

“¿Quién es?”

Fernando no estaba seguro de decirle a Marcia todavía quien era aquella mujer. El día anterior lo hubiera hecho gustosamente, pero como estaban las cosas ahora, prefería esperar un poco antes de revelarle la identidad del amor de su vida. Así que decidió salir de la oficina sin responder. Pero cuando estaba a punto de cruzar la puerta, una frase salida de los labios de su ex novia lo hizo detenerse en seco.

“Es Leticia, ¿verdad?”

Continuará...

Canción: La Tortura, interpretada por Shakira y Alejandro Sánz en el disco Fijación Oral, Vol. 1, de 2005

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Sunday, December 3rd, 2006
12:30 am - Capítulo 23: Sunny Hours
Después de que aquel hombre se presentó a Lety como Aldo Domenzaín, se levantó y se fue de ahí dejando a la chica bastante desconcertada. Ese extraño era...muy extraño, pero Lety decidió dejar de pensar en aquello y mejor ir a su cuarto a arreglarse para empezar a trabajar con Carolina.

Durante el desayuno, la relacionista pública terminó de explicar a Lety las actividades que realizarían durante el día.

Más tarde, Carolina le sugirió a la chica que se comprara ropa un poco más ligera pues se iba a morir de calor con los atuendos que llevaba. Lety no estaba convencida pero era cierto que empezaba a acalorarse, por lo que decidió hacerle caso a su nueva amiga.

Ya con un vestido, no muy alejado de su ropa usual, pero sí de una tela mucho más delgada, las jóvenes partieron hacia una reunión con algunos representantes del gobierno del estado que les explicarían como estaba la situación.

Al salir de esta junta, tanto Carolina como Lety tenían muchas ideas sobre las cosas que podrían hacer, aunque ésta última no se animaba mucho a compartirlas.

“¿Sabes Lety? Se me ocurre que organicemos una exposición de obras de artistas de la región y lo que cobremos por las entradas sirva para el fondo de apoyo a los damnificados. ¿Tú que opinas?”

“Lo que tú digas está bien”.

“No, Lety. No se trata de eso. No te traje aquí para que me digas que sí a todo, sino para que me des tus propias ideas. No sé por qué, pero tengo la impresión de que tu eres una persona muy creativa y tienes mucho que aportar. Dime lo que piensas, de verdad”.

Lety, todavía con un poco de reservas, se sintió en cierta forma animada por estas palabras: “Bueno, me parece bien lo de la exposición pero yo pensaba que no nos limitáramos a cobrar la entrada sino que se vendieran o subastaran las obras y yo creo que así podríamos obtener muchas más ganancias”.

“¡Pero qué buena idea, Lety! Ya ves, ya sabía yo que tenía que traerte conmigo. Bueno entonces que te parece si nos ponemos a contactar a las personas que pueden ayudarnos”.

La mañana fue bastante productiva pues lograron encontrar a varias personas interesadas en ayudar a la causa. A la hora de la comida fueron a un restaurante que estaba a la orilla del mar y mientras esperaban a que les sirvieran, Lety se dio cuenta de que el extraño hombre que había conocido esa mañana en la playa estaba ahí mismo.

“¿Qué te pasa Lety?”

“Ay, es que no te había contado. Casi de madrugada fui a la playa porque no podía dormir y ahí conocí a un hombre muy raro. Y acabo de ver que está aquí mismo”.

“¿Ah sí? ¿Quién es?”. En ese instante Carolina dirigió su mirada hacia el lugar al que Lety estaba viendo y, entonces, una sonrisa se dibujó en sus labios. “Con que es ese hombre”. Después de esto se levantó y se dirigió a la mesa del extraño, lo cual sorprendió a Lety.

“¿Aldo Domenzaín?¿Se puede saber por qué asustaste a mi amiga Lety?”

“¡Carolina! ¡Qué gusto verte! ¿Qué haces aquí?”

“Exactamente lo que yo iba a preguntarte, ¿qué te hizo dejar tu amado puerto de Acapulco y aparecerte del otro lado del país?”

“Bueno...¿Me dijiste que había asustado a una amiga tuya?”

“Sí, ven acá”, dicho esto se lo llevó a su mesa. “Te presento a Leticia Padilla, aunque creo que ya se conocieron”.

“Ah sí...eres la mujer de la playa de hoy en la mañana, ¿verdad?, ¿en serio te asusté? ¿Por qué?”

Lety se puso nerviosa: “Ah...eh...este...pues no exactamente asustada pero sí intrigada. Aunque no sé bien por qué”.

“Ay Lety, es que así es Aldo. Es todo un cofre lleno de sorpresas. Yo lo conozco desde hace 2 años y créeme que todavía no sé exactamente cómo es. ¿Por qué no te sientas a comer con nosotras? A ver si así te sacamos algo más”.

“Jajaja. Está bien, nada más déjame avisarle al mesero que me traiga mi orden para acá”.

Después de un rato, Carolina volvió a cuestionar a Aldo: “Bueno yo ya te dije que hacemos aquí, ahora tu dime qué haces en Cancún”.

“Yo...pues..nada más. Quise cambiar de aires. Me di cuenta que no había salido de Acapulco desde que mi...desde hace mucho tiempo". Aldo miró su reloj y dijo: "¡Ay qué bárbaro, me la pasé tan bien con ustedes que no me di cuenta de lo tarde que era y tengo varias cosas que hacer! Nos vemos luego”.

Era obvio que Aldo no quería seguir hablando y por eso salió tan rápido que casi se va sin pagar.

“Con esto vuelvo a comprobar que ese hombre es muy raro, ¿o no Caro?”

“Sí, la verdad es que a pesar de que, como te digo, lo conozco desde hace tiempo, no sé gran cosa sobre su vida. Sólo que es chef, que vive en Acapulco y tiene una fascinación muy grande por el mar. Creo que nunca hemos tenido una conversación más profunda. En fin, creo que ya deberíamos irnos, Lety. Recuerda que todavía hay mucho que hacer”.

Todavía no anochecía cuando Leticia y Carolina terminaron sus actividades, y esta última decidió regresar al hotel: “Pero tú puedes ir a darte una vuelta si quieres, Lety. No tienes que andar conmigo todo el tiempo”.

“Ay, pero es que...es que no conozco aquí. ¿Qué tal si me pierdo?”

“Ay no Lety, no empieces por favor. De eso se trata precisamente, de que vayas a conocer. Hay muchos lugares a donde ir. Puedes caminar si quieres y si te pierdes pues tomas un camión que se vaya por toda la zona hotelera o un taxi y listo. Ándale, ¿sí? Haz algo tú sola, por ti misma”.

Una vez más, como ya había ocurrido en la mañana, las palabras de Carolina tuvieron un efecto motivador en Lety, y de pronto se sintió decidida: “Está bien. Voy a darme una vuelta, pero no me tardo, para que cenemos juntas”.

“Me parece perfecto. Entonces nos vemos más tarde”.

Después de esto Lety respiró hondo e inició su camino.

Mientras, en Conceptos, Fernando estaba solo en su oficina. Marcia se había puesto histérica cuando supo que Lety había renunciado y que ni siquiera se sabía dónde estaba. Humberto y Teresita no habían podido soportar más y se habían ido a su casa, convocando a otra reunión al día siguiente cuando todos estuvieran más calmados (si es que eso se podía) para definir el rumbo que tomaría la empresa de ahora en adelante.

Y a pesar de los insultos de Luigi, los gritos de Marcia, las palabras duras de su madre y aún, de las miradas de decepción de su padre, Fernando sentía que podía respirar mejor. Era como si todo ese tiempo hubiera tenido un elefante sentado sobre él y de pronto se hubiera levantado. Se sentía realmente liberado. Pero ahora, notaba otro dolor que le brotaba desde lo más profundo de su corazón y tenía la sensación de que iba a pasar mucho tiempo antes de que ese dolor desapareciera.


Continuará...


Canción: Sunny Hours interpretada por Long Beach Dub Allstars en el disco Wonders of the World del 2001. En el 2004, se convirtió en el tema de la serie Joey, continuación de Friends

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Saturday, December 2nd, 2006
8:30 pm - Capítulo 22: Come Clean
“¿Quién es usted?” volvió a preguntar Lety.

El hombre, que parecía como hipnotizado por el mar, reaccionó. “Perdón, ¿me hablabas a mí?”

A pesar de que Lety era la que lo había cuestionado, se sorprendió un poco por el hecho de que aquel desconocido le respondiera. “E...este...sí...”.

“Mmmm. Perdón por no haberte hecho caso. La verdad es que ni siquiera me había dado cuenta de que había alguien más aquí. Es que cuando estoy frente al mar, no pienso en otra cosa. Mi mente se vacía y para mí no existe nada más”.

Lety no supo qué contestar.

“¿Me preguntaste que quien era verdad? Bueno, soy un hombre tratando de escapar de su pasado y en busca de un futuro diferente”. Lety volvió a quedarse sin palabras y entonces el extraño habló de nuevo: “Creo que eso no es exactamente lo que querías saber. Mi nombre es Aldo....Aldo Domenzaín”.

El sol empezaba a asomar detrás de las cortinas de la recámara de Fernando y, aunque no había podido dormir, se sentía descansado. La resolución que había tomado en la madrugada le daba cierta paz a su alma.

Más tarde, llegó a la oficina y pidió a Alicia que lo comunicara con sus papás. “Hola mamá, ¿cómo están?”

“Pues bien. Anoche tu papá y yo nos quedamos hasta tarde en el hospital con Marcia y Ana Leticia”.

Con todo lo que había pasado, a Fernando se le había olvidado que Ariel estaba hospitalizado. “Ah sí, ¿cómo está Ariel?”

“Bien, dentro de lo que cabe. Después de que te fuiste, reaccionó y ya lo trasladaron a una habitación pero los médicos quieren tenerlo por lo menos dos días más en observación”.

“Ah..qué bien. Mamá, les llamaba para pedirte a ti y a mi papá que vinieran a Conceptos, si es posible, antes del mediodía”.

“¿Por qué Fernando? ¿Qué pasa? ¿Todo está bien?”

“Por favor, avísale a mi papá y los espero, ¿sí?”

Teresita estaba un poco intrigada pero accedió sin volver a preguntar.

Como su madre le había dicho que Marcia si iría a trabajar para despejarse un poco, Fernando pidió a Lola que, en cuanto llegara, le avisara que había junta de comité urgente. Lo mismo hizo con el resto del cuartel y sus jefes.

Después se metió a su oficina y se quedó sentado pensando en todo y en nada. De pronto decidió realizar una llamada.

“¿Tomás Mora?”

“Sí, ¿quién habla?”

“Soy Fernando Mendiola”

“Ah...¿Qué se le ofrece, Sr. Mandiola?”

Fernando no tenía ganas de discutir sobre la pronunciación correcta de su apellido. “Usted dijo que teníamos que hablar sobre FilmoImagen, así que por eso lo llamé. ¿Qué necesita?”

Tomás hablaba con un tono bastante seco. “Lety me pidió que preparara el balance general de la empresa y que, cuando estuviera listo se lo hiciera llegar a usted. Y precisamente iba a llamarlo porque hace un rato Don Erasmo y yo lo terminamos”.

“Qué bien. ¿Me lo podría hacer llegar hoy mismo? Me urge tenerlo en mis manos”.

“Sí, me imagino que está ansioso por saber si Lety y yo no les hicimos una mala jugada, ¿verdad?”

“¿Qué? No, no Tomás. Lo que pasa es que...”

“No me interesa escuchar sus explicaciones. Ahorita mismo se lo llevo a Conceptos”.

“Gracias Tomás”. Estaba a punto de colgar cuando preguntó: “Tomás, ¿cómo está Lety? ¿Está bien?”. La única respuesta que recibió fue el sonido que indicaba que la comunicación había sido cortada del otro lado de la línea.

Un rato más tarde, su secretaria le avisó que tanto sus padres, como Marcia y el resto de los ejecutivos, ya lo esperaban en la sala de juntas. Fernando le indicó que les dijera que estaba esperando la llegada de una persona y que después se reuniría con ellos. Luego le pidió que en cuanto llegara Tomás Mora lo hiciera pasar a su oficina. Esto puso algo nerviosa a Alicia, pues no lo había visto desde que...desde que la engañó diciéndole que le iba a prestar los $500,000 para salvar su coche.

Minutos más tarde, Tomás apareció en la oficina con un fólder en las manos y como si se estuviera escondiendo de alguien. “Pues lo prometido es deuda, Sr. Mandiola. Aquí tiene el estado de resultados de su otra empresa. Puede revisarlo para que vea que todo está en orden”.

“No hace falta, yo sé que todo está correcto”. Fernando veía algo raro en la actitud de Tomás y decidió preguntarle: “¿Qué es exactamente lo que sabes, Tomás?”

“Lo único que sé es que Lety nunca hubiera sido capaz de traicionarlo, Don Fernando. Hubiera hecho cualquier cosa antes que hacerle una jugarreta. Qué lástima que no se haya dado cuenta de eso”. Dicho esto salió de Presidencia, dejando a Fernando nuevamente solo.

Después de juntar varios documentos, el presidente de Conceptos entró a la sala de juntas donde todos empezaban a desesperarse un poco.

“Fernando, ¿qué pasa? ¿Por qué nos citaste a todos?”

El joven miró a su padre, luego a su madre y vio que sus rostros denotaban cansancio, aunque no tanto como el de Marcia, quien además se veía un poco preocupada y distraída. Con esto, Fernando volvió a pensar en el estado de salud de Ariel. Eso lo hizo reconsiderar lo que estaba a punto de hacer. Pero decidió no dar un paso atrás.

Toda su vida había pospuesto decisiones importantes y no tanto, poniendo pretextos absurdos y dejándolas “para después”. Y todo porque era demasiado cobarde para enfrentar sus responsabilidades. Pero ya no podía seguir igual. Necesitaba cambiar.

Se acomodó en el lugar que le correspondía, en la cabecera de la mesa y, sin sentarse, comenzó a hablar.

“Los cité porque hay algo muy importante que deben saber. Es sobre la empresa”. Todos quedaron intrigados por esta respuesta. “Pero si ayer acabamos de tener una junta de comité”, dijo Marcia, “¿qué más quieres decirnos?”

“Es que todo lo que les dije ayer es...es...es mentira”.

“¿QUEEEÉ?”

Esto sorprendió a todos, incluso a Omar Carvajal quien no se había esperado esto porque ya no había vuelto a hablar con Fernando desde la tarde anterior.

“La situación de Conceptos en los últimos meses no ha sido lo que ustedes creen. Los últimos balances que les presenté estaban maquillados. Los números reales eran completamente diferentes a lo que vieron”.

“Pero, ¿de qué estás hablando, Fernando?”

“Gracias a mi...a mi ambición y orgullo, me encargué de llevar esta empresa a la ruina. Ariel tenía razón. Mis metas eran demasiado difíciles de conseguir. Y con tal de alcanzarlas fui capaz de todo...de todo”.

Los rostros de los presentes mezclaban el asombro con el enojo y el desconcierto. Fernando repartió unas carpetas a cada uno. “Aquí está el balance REAL de la empresa”.

“¿Qué es esto, Fernando? ¡No puedo creerlo!”. Humberto se levantó.

“Hijo. No entiendo, ¿cómo fuiste capaz de engañarnos de esta forma. ¿Qué fue lo que hiciste?”

“Ay mamá. Ni siquiera yo sé de donde saqué el valor para hacer todo lo que hice”.

Finalmente, Marcia habló: “Y esto, ¿lo hiciste tú solo o alguien más te ayudó?”

“Omar, él me ayudó”. Ahora todas las miradas se fijaron en el vicepresidente, quien no supo que decir.

“¿Y Leticia? Ella también lo sabía, ¿verdad Fernando? No veo como podría ser de otra forma si ella es la encargada de las finanzas de esta empresa”. Marcia estaba cada vez más enojada.

“Sí, ella lo sabía. Pero ella sólo obedecía mis órdenes. Incluso varias veces trató de disuadirme de hacer varias cosas de las que hice pero yo estaba cegado por mi ambición”. Todos guardaron silencio por algunos instantes hasta que Fernando volvió a hablar.

“Hay algo más. Para poder pagar las deudas de Conceptos, Omar y yo ideamos una empresa paralela de la cual pudiéramos obtener el dinero que necesitábamos”.

“¿Qué empresa?”

“Se llama FilmoImagen y esa empresa está a...nombre de Lety. Tenía que ser así. De esa forma no íbamos a levantar sospechas, además ella tiene excelente relación con los bancos, eso nos facilitó mucho las cosas”.

“No puedo creer lo que estoy escuchando. Mi propio hijo recurrió a fórmulas ilegales para...”

“Para defender a Conceptos papá. Además no es ilegal. FilmoImagen realmente funciona, hace transacciones y ha generado grandes cantidades de utilidades. Aquí está el balance general. Ahí podrán ver que todo está dentro de la ley”.

“¡Pero lo que hicieron fue algo tramposo! ¿Qué no tienes ética, Fernando?”

Fernando no contestó nada.

Marcia preguntó: “¿Y esto es todo o todavía tienes algo más que decirnos?”

“Como la situación de Conceptos se volvió muy difícil no tuvimos otra opción mas que...dejarnos embargar por FilmoImagen”.

“¿Un embargo?”

“Sí, papá. Conceptos está embargada en su totalidad por FilmoImagen. Pero la buena noticia es que con el trabajo que hemos conseguido en los últimos meses las cosas están mejorando y, si continuamos con este ritmo, Conceptos va a volver a su estado original y podremos saldar las deudas en unos 6 meses aproximadamente”.

“No puedo creer que digas que hay buenas noticias, Fernando. Después de todo lo que nos acabas de soltar”, expresó Teresita.

Marcia, que se había quedado pensando, volvió a hablar: “A ver Fernando, ¿estás diciendo que ahora Conceptos y todo el patrimonio de tu familia y de la mía, le pertenecen a....esa mujer?”

“¿Qué qué? ¡Ay no, me da el mimisky! ¡Necesito mi valeriana! No puede ser que el ornitorrinco ese sea ahora la dueña de todo. ¡Díganme que es una broma! ¡Por favor!” exclamó Luigi, quien había permanecido en silencio durante toda la junta, pero con las noticias recientes, ya no había podido contenerse.

La respuesta a la pregunta de Marcia no la dio Fernando, sino su padre: “Todo parece que legalmente así es. Conceptos le pertenece ahora a Leticia Padilla Solís”.

“Bueno, ¿y se puede saber dónde está la señorita? ¿Por qué no está aquí dando la cara por todo lo que hizo? Mándala llamar, Fernando”.

“Ella no va a venir, Marcia. Ayer renunció”.


Continuará...


Canción: Come Clean interpretada por Hilary Duff en el disco Metamorphosis de 2003

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Tuesday, November 21st, 2006
12:05 am - Capítulo 21: La Playa
El avión aterrizó minutos después, y cuando ya habían bajado del avión, Lety se dio cuenta de que no se había puesto nerviosa durante el vuelo. Quizá fuera porque había superado aquel temor o quizá porque la tristeza tan grande que tenía le había bloqueado cualquier otro sentimiento. Como fuera, ese descubrimiento le levantó un poquito el ánimo.

“Bueno, Lety. Listo. Ya tenemos nuestro equipaje. Vámonos al hotel y allá platicamos”.

La noche empezaba a caer cuando las mujeres se bajaron del taxi frente al lugar donde se hospedarían. Ya adentro, se separaron para que cada una descansar en sus respectivas habitaciones.

“Descansa un rato y más tarde vamos a cenar para que te platique lo que vamos a hacer aquí.¿Está bien?”

“Sí, Doña Carolina. Nos vemos al ratito”.

Al llegar a su habitación, Lety dejó sus cosas y se sentó en la cama. Se quedó un rato mirando por la ventana el hermoso mar que se extendía frente a ella, pensando (o más bien tratando de no pensar) en todo lo que había ocurrido ese día. No podía creer que menos de 24 horas antes, ella y Don Fernando se hubieran quedado dormidos en la oficina de Presidencia, que casi hubieran sido descubiertos por Marcia, que hubieran presentado el balance maquillado ante la junta directiva, que hubieran hecho tantos planes...y que después todo se hubiera derrumbado.

Absorta en estos pensamientos, Lety no se dio cuenta que había pasado el tiempo y sólo reaccionó cuando tocaron a la puerta. “Lety. ¿Ya estás lista?”

“Ay...este...sí, Doña Carolina”. Abrió la puerta.

“Perdón. Es que no me di cuenta del tiempo”.

“No te preocupes, Lety. Si quieres quédate aquí y mañana platicamos”.

“No, no, no. Cómo cree, Doña Carolina. Prefiero salir y que hablemos de cómo le voy a ayudar. No quiero estar sola ni pensar en otras cosas. Vamos”.

En el restaurante del hotel, decidieron sentarse en la terraza para estar más cerca del mar. Mientras comían Carolina empezó a contarle a Lety sobre el trabajo que realizarían en aquel lugar.

“Como sabrás, el año pasado el huracán Wilma causó muchos destrozos por acá y pues aunque poco a poco la ciudad, y en general toda la región han empezado a salir adelante todavía hay mucha gente que necesita ayuda y por eso el gobierno del estado me llamó para que organizara algunas actividades que ayudaran a reunir los fondos necesarios para apoyar a estas personas. ¿ Qué te parece?”

“Me parece excelente, Doña Carolina. Me da mucho gusto que podamos ayudar a la gente”.

“Sí, la verdad es que a mi también me alegra. Bueno, antes de que te de más explicaciones, quiero dejar algo muy en claro. De ahora en adelante vamos a pasar mucho tiempo juntas y no pretendo que me veas como una jefa sino como una amiga así que quiero que te quites el Doña, porque además me haces sentir vieja, y me llames Carolina, ¿ok?”

“Está bien Do...jijiji...Perdón, Carolina”. Lety sonrió.

“Bueno, ya que eso quedó establecido. Ahora me gustaría que me platicaras que fue lo que te pasó en Conceptos, ¿por qué estabas tan mal cuando te encontré?”

Esta pregunta volvió a ensombrecer el ánimo de Lety, “No quiero hablar ahora de eso. No quiero, de verdad. Perdón”.

“No tienes que pedirme perdón, Lety. Te entiendo muy bien. No voy a presionarte. Cuando estés lista, yo sé que me lo dirás”.

“Gracias, Doña....ay otra vez...Carolina. Creo que me será más difícil de lo que pensé”.

“¿Sabes qué Lety? Creo que las dos estamos muy cansadas. ¿Qué te parece si nos vamos a dormir y ya mañana te termino de contar el trabajo que realizaremos aquí?”

“Está bien”.

“Ok. Entonces, mañana paso a buscarte a tu cuarto temprano, como a las 8:00 para que nos vayamos a desayunar y luego...manos a la obra”.

“Hasta mañana, Carolina”.

Lety estuvo un buen rato con un sueño bastante inquieto. Despertaba a cada rato y cuando por fin conseguía dormir un poco soñaba cosas muy raras como que llovía dentro de su casa, o rompía cosas. En un momento hasta vio a Marcia junto con Fernando, Omar y Ariel burlándose de ella. Después de esto despertó y decidió ya no volverse a dormir.

Se levantó y salió a la terraza de su habitación a contemplar el pacífico mar. Todavía estaba oscuro. Entonces sintió unas ganas muy grandes de estar en la playa. Nunca en su vida se había parado en una.

Ya abajo, Lety sintió una gran emoción en el momento en que sus pies hicieron contacto con aquella arena tan fresca. Siguió caminando y se metió al mar en la orilla. Todo aquel ambiente la relajaba y sentía como si sus penas se las llevara el agua cuando regresaba mar adentro.

Un rato más tarde, se sentó en la arena y perdió la mirada en el horizonte. De pronto, sintió una presencia que se sentaba cerca de ella. Volteó y vio a un hombre rubio que también miraba hacia el mar.

“¿Quién es usted?”

Para Fernando tampoco había sido una buena noche. No había podido pegar los ojos pues no podía contener las lágrimas que bañaban su rostro. Lo único que hacia era pensar y pensar en su Lety. En todo lo que debía haber sufrido cuando leyó aquella carta. Y lo peor era que todo era su culpa. Aunque Omar hubiera sido el de la idea, aunque hubiera escrito las fatídicas instrucciones, era él, Fernando, el que había accedido a participar en aquel macabro juego.

También sabía que se había enredado en sus propias redes y había resultado el burlador burlado. Sabía que si no le hubiera hecho caso a Carvajal, jamás hubiera descubierto lo maravillosa que era Lety. Jamás hubiera conocido el amor de verdad.

Pero también tenía muy presente que si estaba en aquella situación, con aquellos remordimientos, era porque el la había provocado. No sólo había engañado a Lety, sino también a sus padres, a Marcia y a sus hermanos. A todos. Todo por culpa de su maldito orgullo, de su arrogancia y ambición.

Pero las cosas habían cambiado. Él había cambiado. Gracias a Lety era un hombre distinto. Ya no pensaba igual que hace unos meses. Ya no.

En ese momento, Fernando sintió como si una luz se encendiera dentro de él y supo lo que tenía que hacer.

Continuará....

Canción: La Playa, interpretada por La Oreja de Van Gogh en el disco El Viaje de Copperpot de 2000

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Sunday, November 19th, 2006
8:30 pm - Capítulo 20: This Is Hell
“Mi estimado señor presidente: Aquí está tu instructivo para que sigas con la rutina de horror con Lety”. Fernando no podía creer que estuviera leyendo aquellas malditas líneas que tanto lo habían atormentado, pero que había olvidado.

Mientras continuaba leyendo aquellas horribles frases, empezó a sentirse muy mal y decidió dejar de leer. No entendía como esa carta había llegado hasta ahí. Cómo era que Lety la había encontrado. Él la había quemado cuando la encontró y, hasta donde sabía no existían más copias. Y estaba casi seguro de que ella no la había leído. No había notado ningún cambio en su actitud.

¿O sería que Lety le había mentido? Tal vez sí la leyó en aquel momento pero por alguna razón lo ocultó. No, pero eso no podía ser cierto. No, no. Si hubiera sido así ella no se habría comportado como lo había hecho los últimos días. No era posible. Pero ¿y entonces?

De pronto, Fernando cayó en la cuenta de que Lety se había ido y él no tenía idea a qué hora, por lo que pensó que podría alcanzarla.

Salió corriendo de su oficina y se encontró con el cuartel: “Oigan, oigan. ¿Han visto a Lety?”

Las chicas estaban un poco sorprendidas y fue Sara la que respondió: “Pues...la verdad no, Don Fernando. De hecho no la hemos visto desde que nos fuimos a comer”.
Martha continuó: “Pues sí. Ella prefirió quedarse porque dijo que tenía que arreglar unas cosas en la oficina”.

“Y cuando volvimos no la vimos por aquí y supusimos que seguía muy ocupada”, concluyó Lola.

Apenas escuchó esto, Fernando bajó a toda velocidad las escaleras pues no quería perder más tiempo esperando al elevador. Ya abajo, se encontró con Simon y Paula María, muy cariñositos como siempre.

“¿Han visto a Lety?¿Dónde está?”

Paula María estaba a punto de responder lo mismo que las demás secretarias, cuando Simon se le adelantó: “Pues yo la vi hace un buen rato. Cuando ya todos se había ido a comer. Me pidió que le llevara un documento a Don Omar al Le Noir”

Fernando empezó a confundirse: “¿Qué? ¿Qué documento?”

“Pues era un documento que el Lic Carvajal les iba a mostrar a los ejecutivos de Bella Life. Bueno, eso fue lo que me dijo”.

“Pero, ¿y Lety? ¿Qué pasó con ella?”

“Bueno, bueno ,bueno. Pues ella me entregó los papeles y después me preguntó por usted, Don Ferny”.

“¿Y qué le dijiste?”

“Pues que se había ido a comer con Doña Marcia, porque yo los vi irse juntos. Y después ella se metió a Presidencia y yo me fui y ya no volví a verla”.

Fernando empezaba a armar las piezas de aquel complicado rompecabezas. Salió de la recepción como autómata y se dirigió a su automóvil. Lety seguramente había leído la carta (aunque todavía no sabía como había llegado a sus manos) y después, cuando supo que él se había ido con Marcia, seguro que había pensado lo peor. Claro, la carta ya era suficientemente mala de por sí, pero lo otro debía haber matado cualquier sombra de duda que Lety hubiera podido tener con respecto al contenido de aquel papel.

Cuando estaba a punto de salir, se encontró con que Omar llegaba a la empresa.

“¡Fernando, Fernando! ¡Qué bueno que te veo!” Pero no recibió respuesta.

“¡Fernando!¿Fernando? Espérate, ¿qué te pasa?” El joven sólo reaccionó cuando su amigo se le acercó.

“¿Qué?¿Qué? Ah, Omar, ¿qué quieres?”

“¿Qué te pasa Fernando?”

Respondió con un tono irónico. “¿Qué me pasa? Más bien deberías preguntar qué NO me pasa”.

“¿De qué hablas?”

“Por donde empiezo... A sí, estuve a punto de cancelar mi boda con Marcia pero resulta que su “querido” hermanito, el güerito sonriente, tuvo un accidente y tuvimos que irnos al hospital, donde estuve metido toda la tarde y cuando volví, buscando a Lety, me encontré con que su oficina estaba vacía con excepción de todos los regalos que le di, su renuncia y ¡LA MALDITA CARTA DE INSTRUCCIONES QUE TÚ ESCRIBISTE!”.

Omar entró en shock debido a toda la información que acababa de recibir. Por esta razón no podía articular palabra.

“Ah...eh...este...que...ah...pe..es...”

“¿Acaso tienes alguna idea de dónde demonios sacó Lety esa estúpida hoja del mal?”

Omar empezaba a salir del estado en el que estaba y trató de imaginarse que era lo que había ocurrido. Según Fernando, él había encontrado la carta y la había quemado. ¿Cómo era posible que Lety la hubiera leído? ¿De dónde la había sacado? La única copia que quedaba estaba guardada en su comp...En ese momento, Omar encontró la respuesta a todas sus interrogantes.

Mientras Fernando seguía como ido, repasando lo que había ocurrido en los últimos minutos, y de pronto recordó lo que le había relatado Simon. “Omarcito, ¿se puede saber qué documentos le pediste a Lety que te mandara al Le Noir?”.

Omar quería ocultar lo que suponía que había pasado, pero esta pregunta de su amigo lo puso en apuros y no pudo pensar en algo, lo suficientemente rápido como para salir de aquella situación.

“¿Qué te pasa animal?¿Por qué no me contestas?”

“Ay Fernando, es que...pues es que...”

“Es que qué...es que qué”

“Fernando, es que creo que ya sé que fue lo que pasó”.

“¿De qué hablas? ¿Cómo que ya sabes que pasó?”

“Pues lo que pasa es que...pues me encontré con los de Bella Life y me pidieron una información urgente. Entonces te llamé a tu celular pero como no me contestaste le marqué a Lety y le pedí de favor que imprimiera el documento y me lo mandara con Simon”.

“¿Y?...¿Y?...”

“Bueno pues yo creo que Lety, cuando fue a mi computadora para imprimir, pues creo que ha de haber visto...la carta de instrucciones”.

“¿Queeeeeé? ¿De qué estás hablando Carvajal?¿Cómo que Lety DEBIÓ DE HABER visto la carta?”

“Ay Fernando, es que ese archivo estaba todavía en mi computadora”. Esto último lo dijo en voz muy baja, como apenándose.

“¿QUÉ?¿NO HABÍAS BORRADO ESA...ESA ESTUPIDEZ? ¡¡Eres un imbécil, un animal!! ¡¿Cómo es posible?!”

“Bueno Fernando, pues yo cómo iba a saber que la gargolita iba a usar un día mi computadora”.

Esto último exasperó demasiado a Fernando y estuvo a punto de soltarle un puñetazo en la cara a su “amigo”, pero se contuvo porque en ese momento lo único que quería era encontrar a Lety y explicarle todo. Así que, sin decir palabra, subió a su automóvil y se le alejo a toda velocidad hacia la casa de su amada.

No mucho tiempo después, llegó a su destino (después de haberse pasado varias luces rojas) y se apresuró a tocar la puerta de aquella casa.

La que atendió fue Doña Julieta y Fernando, casi sin saludarla se metió y preguntó desesperado: “¿Dónde está?¿Dónde está Lety? Dígame, Doña Julieta. Por favor”.

“Don Fernando, ¿qué le pasa? Tranquilícese”.

“Por favor, Doña Julieta. Se lo suplico”.

Erasmo y Tomás se levantaron de la mesa donde estaban comiendo y se acercaron.

“¿Qué le pasa Don Fernando? ¿Por qué está así?” preguntó el Sr. Padilla.

“Es que necesito ver a Lety, por favor. Dígale que estoy aquí y que me urge hablar con ella”.

Don Erasmo respondió: “Pues discúlpeme señor pero no le puedo avisar a Lety que usted está aquí, porque ella salió de viaje esta misma tarde”.

“¿Qué? ¿Por qué? ¿A dónde fue? Tienen que decírmelo”. La desesperación de Fernando iba en aumento.

“¿Qué fue lo que pasó Don Fernando? ¿Qué acaso no sabía que Lety iba a renunciar?” Julieta estaba un poco preocupada por aquella situación.

“Yo...pues..no...no lo sabía. Es que yo tuve que salir de la oficina y cuando regresé me encontré con la carta de renuncia y por eso vine a buscarla, para que me de una explicación”.

“¿Pero cómo es posible que la niña no le haya avisado esto con anticipación? ¡No lo puedo creer!”

Tomás intervino: “Pues sus razones ha de haber tenido, Don Erasmo”, dijo sin quitarle los ojos de encima de Fernando.

“Por favor, se los suplico. Tienen que decirme a dónde fue. Necesito hablar con ella. Es urgente”.

“Sí, definitivamente. Todavía no puedo creer que la niña se haya ido así como así de la empresa que tantas cosas buenas le dio. Mire Don Fernando mi hija se fue a...”

“NO...Don Erasmo. Lety pidió que no le dijéramos a nadie donde está” interrumpió Tomás.

“Pero...”

“Tomás tiene razón, Erasmo. Discúlpenos Don Fernando, de verdad. Pero Lety nos pidió eso y tenemos que respetarla. Pero no se preocupe, en cuanto ella nos llame yo le digo que usted la está buscando y entonces tal vez se comunique con usted”.

Fernando, viendo que no iba a obtener ninguna información de aquellas personas, decidió no insistir. “Está bien, Doña Julieta. Gracias de todas formas....Y dígale a Lety que de verdad necesito hablar con ella, que voy a estar esperando su llamada. Por favor”.

“Sí, Don Fernando. No se apure”.

Antes de que saliera, Tomás se le acercó y le dijo: “Usted y yo después tenemos que hablar”. Al ver que Fernando se extrañaba, Tomás agregó: “Sobre FilmoImagen”.

Después de esto, el joven salió y se subió a su automóvil. Sabía que, por lo pronto, ya no había nada más que hacer. Manejó un rato sin rumbo fijo y de pronto sintió que no podía más. Se estacionó y no pudo contener más el llanto.

En esos mismos instantes, Carolina despertaba a Lety en el avión: “Lety, Lety...Ya casi llegamos. Ponte el cinturón de seguridad porque ya vamos a aterrizar”.

La chica se acomodó en el asiento y se asomó por la ventana. Aunque el sol empezaba a ponerse, alcanzó a ver el mar que se extendía bajo el avión. Y vio que era de un color muy claro, al igual que la arena que mojaba. Aquella imagen sólo la había visto en revistas y en la televisión.

“Doña Carolina, ¿estamos en...”

“Sí, Lety. Estamos en Cancún”.


Continuará...


Canción: This Is Hell interpretada originalmente por Elvis Costello en el álbum Brutal Youth, de 1994.

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Friday, November 10th, 2006
2:07 pm - Capítulo 19: Bad Day
“¿Qué te pasa, Lety? ¿Estás bien?”

Lety trató de secarse las lágrimas, sin mucho éxito: “Ay, Doña Carolina. No se preocupe. Estoy bien”.

“Perdóname Lety, pero no te creo nada. Mírate nada más, estás llorando. ¿Qué te pasó?” En ese momento Carolina vio la bolsa negra en la que Lety cargaba todas sus cosas, y una idea vino a su mente: “¿Te corrieron de Conceptos?”

“Ah...este no yo...renuncié Doña Carolina”.

“¿Qué?¿Pero por qué Lety? Si hace una semana me dijiste que estabas muy contenta y que era el mejor trabajo del mundo. ¿Cómo es posible que ahora renuncies?”

Lety no supo que contestar pero de pronto recordó algo: “Doña Carolina, la semana pasada usted me dijo que quería que me fuera a trabajar con usted, que necesitaba de mi ayuda, ¿será que todavía pueda irme con usted?”

Esto tomó a Carolina por sorpresa: “Ay...Lety, bueno...pues...no sé que decirte. Bueno, es que por mí encantada, la verdad es que si me hace falta tu ayuda pero...¿estás segura de esto?”

Sin pensar Lety respondió: “Sí, sí. Ya no quiero estar ni un segundo más aquí. Necesito alejarme de todo por un tiempo y según recuerdo usted me dijo que ese trabajo era fuera de la ciudad”.

“Sí Lety es en....”

“No quiero saber dónde es. Lo único que quiero es irme lejos. No importa a dónde”.

“Está bien Lety, pero el problema es que mi vuelo sale esta misma tarde y ya tendríamos que estar casi listas”.

Lety, que ya estaba un poco más tranquila con esta nueva idea, contestó: “Entonces lléveme a mi casa para que haga mi maleta y les avise a mis papás y después nos vamos”.

Para cuando llegaron a casa de los Padilla, Carolina ya había conseguido un boleto para Lety en su mismo vuelo y en un asiento contiguo.

Cuando Lety apareció por la puerta, Julieta se sorprendió: “Lety, ¿qué haces aquí a esta hora?”

“Ay mami, papá. Es que...renuncié a Conceptos”.

“¿Qué? ¿Por qué hiciste eso, hijita?” Esta vez fue Erasmo el sorprendido.

“Papito, ahorita no quiero hablar de eso. Fue una decisión que tomé porque creo que necesito cambiar, hacer otra cosa. Por eso también les aviso que de ahora en adelante trabajaré con Doña Carolina Ángeles, y viajaré con ella esta misma tarde porque tiene un evento fuera de la ciudad...Ay perdón, Doña Carolina que no la presenté. Ellos son mis papás y él es mi amigo Tomás”.

El amigo de Lety, que se había mantenido callado porque estaba disfrutando de uno de los deliciosos platillos de Doña Julieta, se acercó.

“Mucho gusto. Pero Lety ¿qué pasó?”

“A ver señorita, ¿cómo está eso de que te vas? ¿A dónde y con el permiso de quién?” preguntó Don Erasmo.

“Papá por favor. Perdóname pero es una decisión que ya tomé y nada de lo que me digas me hará cambiar. Así que por favor no insistas. Necesito irme”.

El padre estaba a punto de hablar de nuevo pero Julieta lo interrumpió: “¿Por qué necesitas irte, hija? ¿Qué te pasó? ¿Qué te hicieron?”

Lety notó la angustia en la voz de su madre pero no quiso preocuparla más: “Nada mami. No pasó nada. De verdad”.

Julieta no quedó muy convencida con esta respuesta pero no quiso insistir más. Lety se disculpó y subió a su recámara para preparar su maleta y llamó a Tomás con ella.

Ya arriba, su amigo volvió a cuestionarla: “¿Qué pasó Lety? ¿Se descubrió lo de FilmoImagen?”

Lety sabía que necesitaba confiar en alguien y decidió mostrarle a Tomás la fatídica carta que acababa de encontrar.

Cuando él terminó de leerla, volteó a ver a Lety totalmente asombrado: “¿Pero qué es esto Lety? ¿Es una broma?”

La chica con lágrimas en los ojos, dijo: “No Tomás. No es una broma. Es verdad. Por más que quisiera negármelo, todo eso es real. Don Fernando me enamoró, y lo hizo para no perder su empresa”.

“Pero, ¿eso quiere decir que ustedes...que tú...?

“Sí, Tomás. Yo fui amante de Don Fernando. Me enamoré de él y yo creí que él también lo había hecho de mí pero...pero no fue así. Todo fue un engaño, una trampa. Y yo caí como estúpida”. Lety se soltó a llorar una vez más. “Por eso renuncié. Por eso me voy con Doña Carolina. No quiero volver a saber nada de Conceptos y mucho menos de...él”

La joven se apresuró a secarse las lágrimas y a guardar sus cosas en la maleta. “Tomás, necesito un favor. Quiero que prepares junto con mi papá el balance general de FilmoImagen y cuando lo terminen se lo lleves o mandes o lo que quieras a...a Don Fernando”.

“Quiero que quede muy claro que yo jamás quise quedarme con su empresa. Y ahora regresa abajo antes de que mi papá se moleste porque estás aquí”.

Tomás salió muy contrariado por todo lo que acababa de enterarse pero no quiso presionar a su amiga. Lety terminó de empacar sus cosas. Cuando bajó, se despidió con besos y abrazos de su amigo y de su papá, quien seguía algo molesto por el viaje tan repentino que iba a hacer su hija.

Julieta abrazó largamente a Lety, le dio su bendición y no pudo evitar que algunas lágrimas se le escaparan al despedirse de su niña.

Lety y Carolina salieron a toda prisa pues ya se les hacía tarde. “Les dejé a tus papás el nombre del hotel en el que estaremos”.

Cuando llegaron al aeropuerto tuvieron que abordar inmediatamente pues el vuelo ya había sido anunciado. Ya en el avión Carolina preguntó: “Lety, ¿de verdad no quieres saber todavía a dónde vamos?”

“No, Doña Carolina. Prefiero que sea sorpresa”, y trató de esbozar una sonrisa.

Justo cuando el avión despegaba, Fernando volvía a Conceptos después de haber pasado una buena parte de la tarde en el hospital. Ariel se había estabilizado pero seguía inconsciente, por lo que Fernando decidió irse, mientras sus padres y Marcia se quedaban esperando noticias.

El joven no había podido dejar de pensar en Lety. Ya quería llegar a verla pues estaba muy tenso por todo lo que había pasado a lo largo del día y su sola presencia lo tranquilizaba y relajaba.

Entró a Presidencia gritando: “Lety, Lety. Ya regresé. Qué pena que la dejé esperando. No sé si ya lo sabe, pero Ariel tuvo un accidente y tuvimos que irnos de emergencia al hospital”.

Fernando se sorprendió un poco de que su asistente no respondiera su llamado, por lo que se acercó a su oficina mientras seguía hablando: “Ay, Lety. ¡Qué día! ¡Qué día tuve! Pero ahorita lo único que quiero es estar con...”. Abrió la puerta y descubrió que ahí dentro no había nadie ni nada sobre el escritorio mas que la computadora, una bolsa negra de basura y un par de hojas impresas.

Fernando estaba un poco confundido y no comprendía lo que pasaba. Abrió la bolsa y descubrió que ahí dentro estaban todas las tarjetas y recuerdos que le había dado a Lety. Después tomó las hojas y se dio cuenta que una de ellas era la carta de renuncia de su asistente. Esto lo dejó más extrañado. Sintió como si no lograra entender lo que estaba escrito en aquel papel.

Pero cuando pasó a la segunda hoja, de pronto todo tuvo sentido.


Continuará...


Canción: Bad Day interpretada por Daniel Powter en el disco homónimo en el 2005

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Wednesday, November 8th, 2006
10:20 pm - Capítulo 18: Llorando Se Fue
Lety estuvo un buen rato sentada en el piso de la oficina de Omar, sin poder controlar el ataque de llanto que tenía. No podía creer todo lo que acababa de leer. No podía ser cierta toda aquella monstruosidad. Todo era tan confuso, pero a la vez tan claro.

Ahora todo tenía sentido. Por supuesto que Don Fernando no podía haberse enamorado de ella. No así como era...fea. ¡Pero qué tonta había sido! ¡Cómo era posible que hubiera creído todo aquello!

Pero y si...¿si esa carta era una broma? Lety conocía perfectamente el humor tan negro que Omar Carvajal tenía. Tal vez, de alguna forma se había enterado de su relación con Fernando y había querido burlarse de él. Sí, eso tenía que ser.
Esta idea le dio a Lety un poco de ánimo y la impulsó a salir a buscar a Don Fernando quien seguramente todavía estaba en la oficina de Marcia. Se limpió las lágrimas y se dirigió a la producción ejecutiva.

Afuera de aquella oficina, la chica dudó. Si Marcia ya sabía la verdad ella no podía presentarse ahí, enfrente de ella. Así que se acercó a la puerta pero se dio cuenta de que no había nadie dentro pues no se escuchaban voces. Entreabrió la puerta y confirmó aquello.

Después fue a Presidencia pues pensó que tal vez Fernando estaba allí. Abrió la puerta y descubrió que aquel lugar también estaba vacío. Su impulso le hizo marcar el celular de Don Fernando, tenía que hablar con él, tenía que comprobar que todo aquello era falso, una broma macabra.

Inmediatamente, entró el buzón de voz lo que quería decir que el celular estaba apagado. Lety decidió no insistir pero la duda la estaba matando. Todavía tuvo ánimo de volver a la oficina de Omar y encontrarse con que la carta seguía desplegada en la pantalla. Mandó imprimir dos copias y salió de la oficina.

Cuando iba hacia Presidencia, se topó con Simon.

“My Lety...How are you? Pensé que en estos momentos se encontraría degustando de unos deliciosos manjares con el resto del cuartel”.

“No Simon, me quedé porque tenía unas cosas que hacer aquí. Por cierto tengo un encargo para ti. Don Omar pidió que le llevaras este documento al Le Noir. Es urgente”

Lety le entregó los datos de BellaLife al mensajero.

“Enseguida, my beautiful ugly. Como un rayo me dirijo hacia mi destino”.

Simon estaba al pie del elevador cuando Lety pensó algo y le preguntó: “Simon, ¿no has visto a Don Fernando?”

“Sí, se fue hace un rato. Salió con la bella Doña Marcia”.

Aquellas palabras fueron como un balde de agua fría para Lety: “Y..y ¿no sabes a dónde fueron?”

“Pues me imagino que iban a comer porque se fueron juntos en el automóvil de Don Fer”.

Lety no tuvo ánimo para contestar y se metió enseguida a Presidencia. Releyó aquel martirio y las nubes negras volvieron a posarse sobre su cabeza. ¡Pero cómo era posible que se hubiera permitido creer que eso era falso! ¡Claro que era verdad! No podía ser de otra forma. Recordó también el incidente con los sobres amarillos, la semana anterior. Recordó las palabras del vidente. Recordó lo nervioso que se había puesto Don Fernando porque Lety hubiera abierto el otro sobre. Seguro que ahí había algo relacionado con todo esto. Tal vez hasta la propia carta estaba ahí dentro.

Don Fernando la había engañado. Jamás había pensado en hablar con Doña Marcia. Jamás había pensado en decirle la verdad. Por supuesto que no, si no había ninguna verdad que decir.

Fernando no la amaba, nunca la había amado. Todo había sido un juego, un juego cruel orquestado por el maldito de Omar Carvajal y...Don Fernando. Y con el único fin de no quedarse sin su empresa, su adorada empresa. Porque tal vez Fernando Mendiola no amaba a Leticia Padilla pero si estaba enamorado de su empresa. Tanto, que haría cualquier cosa por no perderla.

Lety empezaba a sentirse mal otra vez pero pensó que tenía que tomar una decisión y actuar rápido. No podía (y no quería) esperar a que Don Fernando volviera. No era capaz de enfrentarlo. Seguro en estos momentos, él debía de estar muy feliz de la vida con su prometida, tal vez un poco nervioso pensando en que excusa inventarle a Lety para justificar el no haber hablado con Marcia.

Todo aquello empezaba a darle náuseas a Lety, conforme iba acordándose de todo lo que había pasado con Fernando. Tan sólo de pensar que Omar hubiera sabido todo lo que ocurría entre ellos la asqueaban.

Mientras pensaba en esto, Lety empezó como por inercia a quitar todas las cosas que había en su oficina y guardarlas en unas bolsas de basura que había por ahí. Cuando hubo terminado, dejó sobre su escritorio la bolsa en la que había guardado todas las tarjetas y regalos que Fernando le había dado. También puso una de las copias de la fatídica carta, además de la renuncia que acababa de redactar unos minutos antes. Hecho esto, salió.

Antes de salir de la oficina de Fernando, miró con rabia y mucho dolor la silla vacía del Presidente de Conceptos, y se retiró de ahí rápidamente.
Ni tiempo tuvo de despedirse de sus amigas pues el cuartel aun no regresaba de comer y Lety no quería estar ni un segundo más en aquél lugar.

Ya en la calle, mientras esperaba a que apareciera un taxi o un microbús, no pudo contener más el llanto y dejó que las lágrimas corrieran por su rostro. De pronto, escuchó una voz familiar la llamaba:

“Lety, Lety, ¿qué te pasa?”


Continuará....


Canción: Llorando Se Fue creada y cantada originalmente por el grupo boliviano Los Kjarkas en el disco Canto a la Mujer de mi Pueblo a principios de los 80’s. En los 90’s, la canción fue traducida al portugués (Chorando Si Foi) y se volvió mundialmente famosa como “la Lambada” cantada por el grupo brasileño Kaoma.

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Friday, November 3rd, 2006
8:06 am - Capítulo 17: Pain
“¿Qué? ¿Pero qué pasó?”

“No sé, no sé. Me acaban de llamar del hospital a donde llevaron a Ariel de urgencia. Sólo me dijeron que había tenido un accidente en su auto, pero no sé más. Nos tenemos que ir”. Mientras explicaba esto, Marcia se soltó a llorar desesperada.

Cuando iban saliendo, Fernando se sintió indeciso pues quería regresar para ver a Lety, pero Marcia lo esperaba junto al elevador. “Marcia, yo...este..”

“Por favor, Fernando. ¿No querrás que maneje en este estado, o sí?”

“No claro que no. Yo te llevo”. Dicho esto, subieron al elevador.

En ese momento, Lety se sentía muy intrigada por el nombre de aquel archivo. ¿Por qué tenía su nombre? ¿Por qué estaba en la computadora de Omar? ¿Qué instrucciones eran esas?

Sabía que tenía que mandar el documento con Simon porque a Omar le urgía pero su curiosidad por saber que había escrito ahí, era muy grande. Finalmente pensó en abrir el archivo para leerlo y después buscar a Simon. Supuso que sería algo sin importancia que no le tomaría mucho tiempo.

Abrió el documento y al principio encontró las siguientes líneas: “Mi estimado señor presidente: Aquí está tu instructivo para que sigas con la rutina de horror con Lety”.

Mientras, en su automóvil Fernando llevaba a Marcia a toda velocidad hacia el hospital donde estaba su hermano. La chica hablaba por teléfono con Ana Leticia: “Cálmate, por favor. No sé, no me dijeron. Sólo que...Por favor Ana Leticia, deja de gritar. Yo voy para allá. Sí, es ese hospital. Nos vemos allá”.

“...te dejo las tarjetas que debes ponerle en su escritorio cada mañana a tu monstrete con su respectivo regalito, que no se te olvide porque no voy a estar ahí para recordártelo...” Lety no podía creer lo que estaba leyendo, ¿de qué se trataba todo aquello?

Al fin, Fernando y Marcia llegaron al hospital y preguntaron por el estado de Ariel. Una enfermera les informó que estaba en terapia intensiva pero no les dieron ningún diagnóstico. En ese momento llegaron Teresita y Humberto. “Marcia, ¿qué pasó? ¿Cómo está Ariel?”

“No lo sé Teresita, no nos han dicho nada”. Las mujeres se abrazaron y lloraron.

“...estas tarjetas contienen sentimientos neutrales y la poesía barata que le fascina a ella, poesía para feas, para feas enamoradas...” Lety seguía sin entender lo que estaba escrito en la computadora (o no quería entenderlo).

Humberto se acercó a unos doctores quienes le informaron que Ariel había chocado en su automóvil y había llegado con múltiples contusiones por todo el cuerpo, varias costillas rotas y en estado inconsciente. Volvieron a decirle que estaba en terapia intensiva y que lo más probable es que tuvieran que operarlo, pero en cuanto tuvieran noticias, les avisarían.

“...Fernandito mantén viva la llama del amor, tómate unos embellecedores y si te inspiras lo suficiente acuéstate con ella.... sí, ya sé la cara de mártir que haz de estar poniendo… pero ya no sufres tanto acostándote con ella, estás anestesiado...” A pesar de la gravedad de lo que estaba leyendo, Lety no sentía nada, estaba bloqueada.

Fernando estaba sentado en la sala de espera, mientras Marcia y sus padres habían ido a tomar un café. Lo único en lo que pensaba era en Lety. No había podido cumplirle la promesa de hablar con Marcia, de decirles a todos que la amaba, y por lo que estaba ocurriendo, seguramente iba a tener que aplazarlo una vez más.

“...no la descuides para nada porque el tal Tomás Mora sigue detrás de Lety y detrás de Conceptos. No quiero regresar con la noticia de que la dejaste en manos de ese tipo porque sería lo mismo que entregarle la empresa a él...” La chica estaba como en shock, su cara no mostraba ninguna reacción. Pero seguía habiendo cosas que no entendía. ¿Qué tenía que ver Tomás en todo aquello?¿Por qué decían que él andaba tras de ella?

Marcia y los Mendiola regresaban de la cafetería, cuando les avisaron que Ariel estaba respondiendo bien, aunque seguía inconsciente, pero la buena noticia era que no tendrían que operarlo. Sólo mantenerlo en observación por unas horas para ver como evolucionaba.

“Cuando sientas horror de estar con ella acuérdate de mi lema: Beso a Lety para no perder Conceptos. Le hago el amor a Lety para no perder Conceptos. Piensa que con cada beso, con cada terrible caricia te aseguras que jamás nos haga una jugarreta”. Esto ya era demasiado, la cabeza le empezaba a doler mucho y todo a su alrededor daba vueltas, pero no podía dejar de leer. Tenía que llegar hasta el final de aquello, aunque fuera una tortura.

Más tarde, llegó Ana Leticia completamente devastada, llorando estridentemente y preguntando por su hermano. Marcia la puso al tanto y Humberto trató de tranquilizarla sin mucho éxito. Fernando sólo los observaba desde lejos. Él realmente no quería estar ahí. Lo único que deseaba era volver a Conceptos para estar con Lety.

“...te recuerdo que ahora más que nunca debes ser muy especial con ella porque hay que forzarla para que maquille el balance de la junta de comité, con eso Lety nos tiene en sus manos, y si insiste en no hacerlo, cierra los ojos y llévatela a la cama más próxima, no hay nadie más feliz que una fea después de hacer el amor”. La chica tenía la boca seca y sentía escalofríos que la hacían estremecerse. Sentía que ya no podía más pero algo la detenía frente a la pantalla.

A Fernando no le interesaba la salud de Ariel, pero tampoco podía decirse que le alegrara lo que estaba pasando. A pesar de todo, no le gustaba ver sufrir a Marcia de aquella forma. Pero lo que más le dolía era ver a sus padres así, devastados por la situación. Se preguntaba si ellos reaccionarían de la misma forma si él fuera el que estuviera en terapia intensiva.

“...haz de estar asqueado después de leer mi carta, pero piensa que ese infierno no es para toda la vida. Volverás a ser el más feliz, rodeado de mujeres bellas, cuando ella nos devuelva la empresa. Ánimo Presidente. Un abrazo. Omar” Lety no podía creer que aquel suplicio hubiera llegado a su fin. De pronto notó una sensación extraña en su pecho. Era como un dolor muy intenso que le cortaba la respiración. La chica se dejó caer en el piso y comenzó a llorar amargamente.


Continuará...


Canción: Pain interpretada por Jimmy Eat World en el disco Futures de 2004

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Thursday, November 2nd, 2006
1:24 am - Capítulo 16: Something Stupid
Fernando tocó a la puerta de Marcia y ella lo dejó entrar. “Marcia, ¿podemos hablar?”

La chica estaba sentada detrás de su escritorio y estaba un poco distraída. “¿De qué? Si no te importa, hablamos más tarde porque ahorita me duele mucho la cabeza y además estoy muy preocupada por Ariel”.

Fernando asintió y se levantó del asiento dispuesto a salir pero se dio cuenta de que aquello ya no podía aplazarse. “No, Marcia. Tiene que ser ahora”.

La joven se sorprendió un poco por la actitud tan decidida que había tomado su novio. “Está bien. ¿De qué se trata?”

“Es sobre nosotros”. Estas palabras hicieron que Marcia sintiera que el corazón se le iba a los pies. En cierta forma sospechaba las intenciones de Fernando pero había tratado de negárselo. Respiró profundo y trató de estar lo más tranquila posible.

“Marcia, desde hace tiempo las cosas no están funcionando entre nosotros y eso es algo que tu sabes muy bien. Todo ha cambiado. Yo...”

En ese momento sonó el celular de Fernando y vio que se trataba de Omar. Marcia vio esto como una forma de tomar un respiro y quizá de evitar (o por lo menos retrasar) lo que sabía que vendría. “¿Qué, no vas a contestar?”

Fernando dudó unos momentos y al fin dijo: “No. Es Omar. De seguro me va a decir algo estúpido, como es su costumbre. Además tenemos que hablar, Marcia”. Dicho esto apagó su celular

Marcia volvió a ponerse muy nerviosa. La cabeza seguía doliéndole y sentía como si le fuera a explotar.

Mientras tanto, Lety estaba sentada en su oficina viendo todo lo que había a su alrededor con mucho detenimiento. Tenía una sensación muy rara. Como si fuera la última vez que fuera a ver todo aquello. Ella le atribuyó todo a que de ahora en adelante todo sería diferente, ya no podría ver nada con los mismos ojos. A partir de aquél momento todo iba a cambiar para siempre.
De pronto, el teléfono de Presidencia empezó a sonar. Lety fue a contestarlo: “¿Lety? Habla Omar. ¿Cómo está?”

“Bien, Don Omar, ¿cómo le va?” contestó la chica sin mucho ánimo, pues aquel hombre siempre le había producido desconfianza.

“¿No estará Fernando por ahí?”

“No, está ocupado con...un asunto muy importante”. Esto hizo que Lety se pusiera nerviosa.

“¿Podrías buscarlo? Es que lo que necesito también es muy importante. Le acabo de marcar a su celular pero creo que lo apagó”.

“Perdón Don Omar, pero él me dijo que no quería que nadie lo molestara. Tenía que arreglar algo que no podía esperar”, insistió Lety, algo enojada.

“Ay, pero es que esto tampoco puede esperar. Mmmm...¿cómo le hacemos? ¡Ah, ya sé! Tu me puedes ayudar. Mira, lo que pasa es que salí a comer y me encontré con los ejecutivos de Bella Life y me pidieron una información que les urge para planear su nueva campaña”.

“¿Y qué quiere que haga, Don Omar? ¿No querrá que se la lleve hasta donde está, o sí?”

“No Lety, lo único que necesito es que vaya a mi computadora e imprima ese archivo y luego me lo mande con Simon al Le Noir”

Un poco fastidiada, Lety contestó: “Está bien,¿pero como se llama el archivo?”

“Se llama DatosBellaLife, está en el escritorio de mi computadora o sea que no tendrá que buscar mucho”.

“Está bien, Don Omar. Ahorita la imprimo y le digo a Simon que se lo lleve”.

“Mil gracias, Lety”.

“Sí”. Lety colgó el teléfono y se dirigió a la oficina de Omar sin muchas ganas.

Mientras, Fernando trataba de hablar con Marcia pero ella buscaba cualquier pretexto para imperdírselo. “Oye, Fernando, antes de que se me olvide, hay que llamar a la gente de Bella Life para...”

“Marcia, por favor, deja de interrumpirme. Ahorita no me interesa en lo más mínimo el trabajo. Tenemos que hablar”.

“Pero es que...”

“Marcia, Marcia, Marcia. Yo sé que sabes de lo que quiero hablar. Nuestra relación hace mucho que no va bien. Ya no somos los mismos. Yo ya no siento lo que en algún momento sentí por ti. Por eso creo que lo mejor es que...”

Marcia estaba al borde de las lágrimas: “Por favor, Fernando. No sigas. Ya sé que quieres que cancelemos nuestra boda. Pero yo...”

Sus palabras fueron interrumpidas por el timbre de su teléfono. Por inercia, la chica lo contestó: “Sí, ella habla. ¿Qué pasa? ¿Qué?” Marcia bajó lentamente el auricular y se quedó pasmada.

“¿Qué pasa Marcia?¿Qué tienes?”

“Es Ariel......tuvo un accidente”

Lety, ya frente a la computadora de Omar, encontró el archivo que buscaba, lo abrió y lo envió a la impresora. Estaba a punto de levantarse cuando el nombre de otro archivo del escritorio llamó su atención: “InstruccionesLety”


Continuará...


Canción: Something Stupid interpretada originalmente por Frank y Nancy Sinatra en el disco Sugar de 1967

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Friday, October 27th, 2006
11:36 pm - Capítulo 15: Kiss Goodbye
Mientras, del otro lado de la puerta, Fernando hablaba con Lety: “¿Por qué no me dejó decirle la verdad? Estaba a punto de hacerlo”.

“Ya lo sé Don Fernando, pero es que no podía decírselo ahora. No antes de la junta. Usted dijo que lo haría pero después”. La verdad es que Lety no quería estar presente en el momento en que Fernando le diera la estocada final a su relación con Marcia. No se creía capaz de soportar el sufrimiento de aquella mujer.

“Pues sí. Tiene razón. Pero después de la junta ya no hay vuelta de hoja. Voy a hablar con ella. Está decidido”. Lety sólo suspiró.

Marcia ya no quiso regresarse a comprobar si lo que creía haber visto era cierto. Se sentía muy mal. A pesar de haberse ido a dormir a su casa, no muy tarde, no había podido dormir bien. Pasó toda la noche despertando a cada momento. Tenía una extraña sensación, como si algo malo fuera a pasar. Así, nerviosa, se fue a su oficina y le pidió a Lola que le consiguiera un vaso de agua y una aspirina porque le dolía mucho la cabeza.

Lety continuó el trabajo que había dejado inconcluso la noche anterior. Fernando se quedó ahí con ella, en parte porque no quería encontrarse de nuevo con Marcia hasta la junta, en parte porque quería estar todo el tiempo junto a su Lety.

Se quedó mirándola mientras ella escribía. Se veía tan linda, ahí tan concentrada en su trabajo. Lety se dio cuenta de esto: “¿Qué le pasa Don Fernando?¿Por qué me ve tanto?”

“Ay Lety, qué pregunta. Porque no puedo dejar de ver lo hermosa que está”. Lety (una vez más) se puso roja y decidió seguir con lo que hacía porque el tiempo se venía encima y todavía tenía que sacarle copias a los balances.

Más tarde, Humberto y Teresita llegaron a Conceptos preguntando por Fernando y Marcia. Las secretarias les informaron que ambos se encontraban en sus oficinas pero que podían ir pasando a la sala de juntas.

En ese momento, Lety terminaba de imprimir. “Listo, Don Fernando. Ahora sólo tengo que sacarles copias y en seguida se los llevo a la sala de juntas, ¿sí?”

“Está bien. Pero quería pedirle algo más. ¿Podría quedarse a la junta? Es que yo no voy a poder explicar todo lo que está en el balance y usted lo conoce a la perfección”.

Lety se puso nerviosa porque no le gustaba la idea de tener que enfrentarse al comité en pleno, incluidos Marcia, Luigi, los Mendiola y, por supuesto, el verdugo de Ariel. Pero la carita preocupada de su Don Fernando la convenció. Tenían que seguir juntos hasta el final. “Claro que sí. No se preocupe. Ahí estaré”.

Dicho esto salió hacia las fotocopiadoras y Fernando fue al baño de su oficina para lavarse la cara y despejarse un poco. Después entró a la sala de juntas, donde ya esperaban sus papás, Marcia, Luigi, Omar y López. Unos minutos después apareció Lety con las carpetas que entregaría a cada ejecutivo.

“¿Quieren que empecemos o esperamos a Ariel y a Ana Leticia?” preguntó Fernando.

“Yo creo que mejor empezamos Fernando. Ya es muy tarde” contestó Humberto. Esto puso feliz al joven quien, por supuesto, no tenía la mínima intención de esperar a que llegara Ariel.

“Está bien. Lety, por favor siéntese aquí a mi lado”. Marcia se sorprendió y Lety se acercó con la cabeza baja a la cabecera de la mesa.

Después de un rato, Ana Leticia apareció como siempre haciéndose notar y con su actitud festiva e ingenua. Cuando se hubo tranquilizado, la junta continuó.

Lety se lució explicando todos los movimientos de la empresa tratando de mostrar toda la seguridad que le fue posible, aunque por dentro estuviera que se moría por estar mintiendo de aquella forma. Fernando se la pasó todo el tiempo embobado, viendo a la mujer que amaba exponiendo el balance. Marcia notó esta actitud lo cual la intrigó aun más de lo que ya estaba.

Por fin, la junta terminó y todos quedaron satisfechos con los resultados, a excepción de Marcia quien no había prestado mucha atención a los asuntos laborales.

“Muy bien, Fernando. Te felicito. Parece que vas por muy buen camino. La empresa está funcionando bastante bien. Felicidades a usted también, Leticia. Creo que ha asesorado muy bien a mi hijo. Hacen un gran equipo”.

Aunque sonrieron y agradecieron las palabras de Humberto, Lety y Fernando tenían un terrible cargo de conciencia por lo que acababan de hacer.

“Marcia, ¿no sabes qué pasó con Ariel?”

“No lo sé Teresita, a mí también me preocupa que no haya llegado. Es muy raro que se perdiera una junta tan importante”.

“¿Por qué no lo llamas a su celular?” preguntó Humberto.

“Hace rato lo hice pero me mandaba al buzón. Voy a volverlo a llamar”.

“Pues nosotros nos vamos. Si sabes algo de Ariel nos avisas, por favor”.

“Claro que sí, Humberto” respondió Marcia, preocupada.

“Ay, espérenme, espérenme. Yo me voy con ustedes. Voy de compras, Teresita. ¿No me quieres acompañar?”

“No lo sé Ana Leticia. La verdad es que estoy muy cansada por el evento de ayer”.

Mientras todos salían y se despedían, Fernando llamó a Lety: “¿Podemos hablar?”

Ella asintió y los dos se dirigieron a la oficina de Lety. Ahí ella dijo: “Antes que otra cosa, Don Fernando, quería entregarle el balance del estado real de la empresa, haga con él lo que quiera”.

“Gracias, Lety”, dejó la carpeta a un lado y tomó de las manos a la joven. “Ahora sí. Llegó el momento, nuestro momento Lety”.

“¿Quiere decir que va a...” Lety no pudo terminar la frase pero Fernando la completó.

“Sí, voy a hablar con Marcia, pero antes me gustaría decirle algo. Yo...”

“No, Don Fernando. Al mal paso darle prisa. Hable con ella, ya no puedo más con esta angustia”.

“Pero Lety, es que...”

“Por favor. Primero hable con Doña Marcia y después nosotros platicamos”.

“Está bien, Lety. Hablo con Marcia pero no se vaya a ir porque lo que le tengo que decir es muy importante”.

“Aquí lo espero, Don Fernando”. El joven estaba a punto de salir pero hubo algo que lo hizo regresarse y sin decir palabra besó a Lety con todas sus fuerzas. Fue un beso como ninguno. Después, ambos se quedaron abrazados por un buen rato. Tenían una sensación extraña, como si no fueran a volver a verse.

Fernando lo necesitaba. Eso le dio toda la motivación y fuerza que necesitaba para lograr lo que quería hacer. Todavía se miraron a los ojos, hablando sin palabras.

“Te amo, Lety”, dicho esto, Fernando cruzó la puerta y Lety se quedó sola y suspiró: “Yo también te amo, Fernando”.


Continuará...


Canción: Kiss Goodbye aparece en el disco Pop Trash de Duran Duran del año 2000

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Wednesday, October 25th, 2006
10:20 pm - Capítulo 14: Esta Mañana
Fernando abrió los ojos y vio que Lety seguía profundamente dormida a su lado, sonrió y volvió a acomodarse, pero en ese momento se dio cuenta de que la luz del sol entraba a través de su ventana.

Tardó unos segundos todavía en despertar del todo, por lo que seguía sin comprender bien que pasaba. Sólo hasta que escuchó la voz de Alicia, reaccionó: “No sé, Marcia. La verdad es que no lo he visto entrar, y mira que hoy SÍ llegué muy temprano, y pues creo que no ha llegado. Pero no te preocupes, ahorita voy a su oficina para ver si ya está ahí”.

“No te preocupes Alicia, yo voy para allá. Estoy segura de que ya está aquí porque su coche está en el estacionamiento”, respondió.

Fernando se levantó tan rápido que casi tira a Lety del sillón. Ella también se despertó pero no entendía lo que estaba ocurriendo. “Lety, Lety. Levántese. ¡Nos quedamos dormidos!”

“¿Qué? Pero...” En eso momento Lety logró reaccionar. “¡Dios mío, Don Fernando!¡Ya es de día!¡No puede ser!”

“Rápido, Lety, rápido. ¡Marcia viene para acá!¡Tenemos que recoger todo!”
Inmediatamente, los dos recogieron la caja de pizza, la botella de champaña y las copas. “¿Y ahora qué hacemos, Don Fernando? Ay Dios mío, ay Dios mío”.

Por unos momentos se movieron de un lado a otro sin saber exactamente hacia donde ir. De pronto a ambos se les ocurrió la misma idea, sin necesidad de hablar, y corrieron a la oficina de Lety. Ahí dentro, desbarataron la caja y la metieron al bote de basura, junto con la botella. A Fernando sólo le dio tiempo de poner las copas sobre el archivero que había junto a la puerta y Lety logró sentarse frente a la computadora, cuando Marcia entró.

“Leticia, ¿de casualidad usted no sabrá dónde está Fe....?” Marcia se paró en seco cuando descubrió a su prometido recargado en el mueble junto al escritorio de su asitente.

“¡Marcia!¡Qué gusto!¿Cómo te va?” contestó Fernando con una efusividad exagerada.

La joven que acababa de entrar lo miró muy extrañada y después volvió sus ojos a la chica de lentes que escribía como frenética en el teclado.

“¿Qué hacen aquí?”

“¿Qué?¿qué?...Ay Marcia...este...pues aquí estamos terminando el balance para la junta...¿Qué más va a ser?”

Marcia siguió mirándolos, cambiando la vista de uno al otro varias veces, y muy intrigada. De pronto cayó en la cuenta de algo.

“Fernando, ¿por qué traes la misma ropa de ayer? Mejor dicho, ¿por qué TRAEN la misma ropa de ayer?”

Lety y Fernando intercambiaron una fugaz pero muy preocupada mirada. “Eh...este...lo que pasa es...este...pues es que...”. Fernando cambió el tono de sus palabras por uno más decidido. “Mira Marcia la verdad es que Lety y yo...”.

“Es que nos quedamos trabajando toda la noche, Doña Marcia” lo interrumpió.

“¿Cómo que toda la noche?”. Marcia ahora miró fijamente a su novio y en un tono bastante molesto se dirigió a él: “¿Y qué no se suponía que estabas muy cansado?¿Qué habían sido días de mucho estrés y que preferías irte a dormir?¿Por qué demonios pasaste la noche aquí?”
Marcia había subido mucho el tono de voz y Lety estaba muy nerviosa. “Ay, Doña Marcia, qué pena. Fue mi culpa”.

Tanto Fernando como su prometida voltearon a ver sorprendidos a Lety. “¿De qué habla Leticia?”

“Pues es que yo anoche estaba trabajando y me di cuenta de que necesitaba unos datos que solamente tenía Don Fernando y le hable a su celular. Él me dijo que estaba llegando a su casa pero yo le insistí mucho porque sin esa información no podía terminar el balance y entonces...”

Fernando captó inmediatamente la idea de Lety y completó sus frases: “Y entonces yo me vine para acá para darle los datos. Y pues como vi que todavía le faltaba mucho me quedé para ayudarla y se nos fue el tiempo metidos en el trabajo”.

“Pues no parece que estén tan cansados como si no hubieran dormido toda la noche. Más bien se ven bastante fresquecitos”.

“Ay Marcia. Por el amor de Dios. ¿A dónde quieres llegar con esto?”

“A ningún lado, Fernando, a ningún lado. Los dejo para que terminen porque, a pesar de que estuvieron TRABAJANDO toda la noche, parece que todavía les falta mucho”.

Lety y Fernando respiraron aliviados. Marcia se dio la vuelta y salió pero cruzando la puerta se dio cuenta de que había visto algo que la extrañó. Arriba del archivero de Lety había dos copas de champaña con claros rastros de haber sido usadas recientemente.


Continuará...


Canción: Esta mañana interpretada originalmente por Enanitos Verdes en el disco Pescado Original de 2006

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Tuesday, October 24th, 2006
5:19 am - Capítulo 13: Futures
“¿Qué le pasa, Lety?”

“Es que no puedo dejar de pensar en todo lo que va a pasar mañana, Don Fernando. En cómo va a reaccionar...ella.”

“Deje de pensar en ella y en todos los demás por un momento solamente, Lety. Vamos a pensar sólo en nosotros dos. Vamos a hacer planes para nuestro futuro. Porque pase lo que pase, tenemos que estar juntitos los dos, como dice la canción. Tenemos que enfrentar lo que sea que venga, juntos”.

Estas palabras hicieron que Lety se tranquilizara y se relajara. Así continuaron comiendo y más tarde, Fernando abrió la champaña y la sirvió en las copas.

“Quiero que brindemos...Por usted, Lety”.

Lety se sonrojó (algo que se le estaba volviendo costumbre cuando estaba cerca de Don Fernando), pero también sonrió y chocó su copa con la de su amado.

“Entonces también brindemos por usted, Don Fernando. Por haberme hecho la mujer más feliz del mundo”. Volvieron a chocar sus copas y a beber de ellas.

“Ahora” dijo Fernando, “hagamos un brindis por los dos, por nuestro futuro, por todo lo que nos espera juntos. Por la nueva vida que mañana comenzaremos”. Esto hizo que Lety recordara brevemente lo que tanto la angustiaba pero decidió olvidarse de ello como se lo había prometido a Fernando, y tan sólo disfrutar del momento. “Por nosotros”.

Después de este último brindis, dejaron las copas en la mesa, se dieron un largo beso y después se recostaron abrazados en uno de los sillones. Estuvieron un buen rato hablando. “¿Sabe qué Lety? En cuanto pase todo esto, vamos a ir a hablar con sus papás. Quiero que ellos sepan que la AMO y que quiero pasar el resto de mi vida con usted”.

Lety sonrió y dijo: “Me parece muy bien, Don Fernando. Ese será el primer paso para que nuestra relación pueda ser libre. El no poderles contar nada, sobre todo a mi mamá, es algo que también me angustia”.

“Y después, después nos vamos a ir de viaje. Podemos ir otra vez a Europa o a Estados Unidos, o a Sudamérica o a Asia. A donde usted quiera. Podemos recorrer el mundo entero”.

“Jijiji. Ay, Don Fernando pero eso nos llevaría mucho tiempo y acuérdese que no podemos descuidar la empresa, no ahora que va por tan buen camino”.

“Ya sé, ya sé. Pero en cuanto se salden todas las deudas que tenemos con los bancos podremos estar más libres. Así que vaya pensando qué lugares quiere conocer para que planeemos nuestro viaje, ¿ok?”

“¿De verdad, Don Fernando?” dijo Lety un poco sorprendida.

“Claro que sí. Es en serio, Lety. Vamos a hacer un montón de cosas que usted no haya hecho, y yo tampoco. Por ejemplo, ¿usted no sabe nadar, verdad?”

“No, Don Fernando”.

“Ah, pues entonces la voy a enseñar a nadar y también a bucear. Ya verá lo bonito que es el fondo del mar. También podemos saltar del bungee. Yo una vez lo iba a intentar pero me arrepentí a la mera hora. Podemos saltar en paracaídas. Siempre he querido hacer eso”.

“Ay no, Don Fernando. A mí me da mucho miedo. Ya ve como me puse cuando nos fuimos a Alemania. Ya parece que me voy a aventar de un avión desde esas alturas. No, no, no”.

“A ver, no Lety. No crea que a mí no me da miedo, por supuesto que sí. Pero ¿sabe porque no debemos temer? Porque vamos a estar juntos. Por eso. Porque estaremos ahí, el uno para el otro”.

“¡Qué bonitas cosas dice, Don Fernando! Tiene razón, estar junto a usted es el lugar más seguro que existe para mí en el mundo”.

“Yo también siento lo mismo, Lety”, dicho esto le dio un beso en la frente.

“Bueno, ¿y qué más planea que hagamos?”

“Mmmmm....no sé. Podríamos escalar el Everest, o cruzar a nado el Amazonas o ir de excursión al Sahara”. Lety se rió divertida. “Ay Don Fernando, ¡qué ocurrente es!”

Fernando también se rió. “No sabe cuanto me encanta escuchar su risa, porque eso quiere decir que está feliz y nada me pone más contento que usted sea feliz”.

Lety se sentía muy bien ahí donde estaba. No sólo porque estaba descansando la espalda, que ya le dolía de haber estado tanto tiempo sentada frente a la computadora, sino porque estaba con él, resguardada en sus brazos, donde nada malo podría pasarle.

De repente recordó que tenía que continuar con el trabajo que estaba haciendo, pero estaba tan cómoda que quiso esperar un poco más. “Mmm. ¿Don Fernando? Tengo que terminar el balance”.

“Quédese otro ratito aquí ¿sí?”

Lety tomó esto como una orden y se acomodó un poco más. Lo cierto es que también le ardían los ojos, por lo que decidió descansarlos un momento antes de continuar, por lo que se quitó los lentes.

Fernando se quedó un rato más en silencio, pensando en todo lo que pasaría mañana. Era cierto que le preocupaba la reacción de todos, pero aquel rato que había pasado con Lety, haciendo planes, hablando, riendo, esa idea de pasar el resto de sus vidas juntos, le daba las fuerzas necesarias para enfrentar lo que viniera.

De pronto, volteó a ver a Lety y descubrió que se había quedado dormida. No quiso despertarla. Se veía tan linda, tan hermosa, tan tranquila. Lo único que hizo fue contemplarla por un rato. Acarició su rostro y le besó la frente.

“No sabe cuánto la amo, Lety. No sabes cuánto TE AMO”. Dicho esto, él también se acomodó un poco mejor, cerró los ojos y se entregó a los brazos de Morfeo.


Continuará...


Canción: Futures interpretada originalmente por el grupo Jimmy Eat World en el disco del mismo nombre de 2004

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Sunday, October 22nd, 2006
7:12 pm - Capítulo 12: Me and My Shadow
Fernando llegó al salón donde se desarrollaba el evento en honor a su premio y Marcia ya lo esperaba en la puerta, muy impaciente.

“¿Dónde estabas, Fernando? ¿Por qué te tardaste tanto?”

“Estaba trabajando con Lety en lo que vamos a presentar mañana. Acuérdate que es la junta”, dijo con un poco de fastidio.

Marcia dudó un poco, pero después cambió su actitud y se llevó a Fernando al interior del salón. Ahí ya estaban Humberto, Teresita, Omar, Carolina, Alicia y Luigi, además de Ariel Villaroel, quien se acercó a Fernando tratando de molestarlo como siempre:

“¡Fernando! Qué gusto verte. Yo pensé que ya no vendrías. Creí que a lo mejor habías huido para no presentarte mañana a la junta.”

“Ay, Ariel, por favor no empieces. Esta noche es para celebrar no para pelear”, dijo Marcia tratando de evitar que entre su novio y su hermano empezara una discusión como las que siempre ocurrían cuando se encontraban.

“Jajaja. Ay que lindo, Arielito. Eres todo un payasito, muy chistosito. Por supuesto que no voy a huir. ¿Por qué piensas eso? Yo no tengo NADA que esconder”.

“¿Ah sí? No pues qué bueno. Me da mucho gusto. Ya veremos mañana que dices”

“¿De qué estás hablando Ariel?”. Don Humberto se había acercado al escuchar la discusión entre sus hijos, el real y el adoptivo.

“Nada Humberto. Mejor dejamos esto para la junta de mañana. Como dijo mi hermana, este día es para celebrar”, mientras decía esto, miraba fijamente a Fernando, quien notó que había algo extraño en las palabras de su peor enemigo.

Unos minutos después, Carolina presentó a los ejecutivos y todos dijeron algunas palabras sobre lo que significaba haber obtenido tal reconocimiento internacional.

Pasado un rato, Marcia le pidió a Fernando que la llevara a su departamento para seguir celebrando pero en privado. Éste se puso nervioso y, después de ver su reloj, dijo que prefería irse a su casa.

“¿Por qué ves tanto el reloj?”

“¿Qué?¿De qué hablas Marcia?”

“Ni creas que no me he dado cuenta que desde hace rato te la has pasado viendo tu reloj. ¿Quién te está esperando?¿Por eso no me quieres acompañar a mi departamento?”

“Ay no puede ser, Marcia. ¿Ya vas a empezar otra vez? Nadie me está esperando. Sólo estoy cansado. Entiende que estos días han sido de mucho estrés y mañana tenemos la junta y prefiero irme a dormir. Te prometo que estaré solo...solo y mi sombra.”

Marcia estaba a punto de contestarle a Fernando con otro de sus argumentos, pero se dio cuenta de que ella también estaba muy cansada y que no tenía caso seguir discutiendo. Regresó al salón y Fernando salió con una sola idea en su cabeza.

Lety seguía frente a su computadora totalmente absorbida por el trabajo, tanto, que se le había olvidado pedirle a Saimon o a sus amigas que le llevaran algo de cenar. Sólo se había separado de la máquina por unos minutos, para llamar a su casa para avisar que, o llegaba muy tarde o de plano no llegaba. Esto, por supuesto que no le gustó para nada a su padre. A Lety le costó las de Caín convencerlo de que era por trabajo y que, además, la oficina estaba llena de gente que también estaría trabajando toda la noche. Don Erasmo no quedó muy conforme con las explicaciones de su hija, pero Julieta se encargó de tranquilizarlo, algo que Lety agradeció porque esa llamada le estaba robando valiosos minutos de su labor.

Lo único que la hizo reaccionar fue que alguien abrió su puerta. Cuando volteó, vio a Fernando con la caja de una pizza en una mano, dos copas en la otra y una botella de champaña bajo el brazo.

Lety trató de sonreír pero el cansancio hizo que tan sólo lograra mover un poco los labios. Fernando notó esto: “Ay, pero Lety. No puede ser. ¿Cuánto le falta para terminar? Está muy cansada. Debería irse a su casa. Bueno, claro, después de que cenemos lo que traje”.

“Ay Don Fernando. Qué lindo. Muchas gracias. Estaba tan metida en el trabajo que ni sentí hambre, pero ahorita que reaccioné me di cuenta de que tengo mucha”.

“Ya ve. A ver, levántese de ahí y véngase para la oficina para que se despeje un poco. Vamos a comer,¿sí?”.

Lety aceptó y entonces se acomodaron en la pequeña salita que había en la oficina de Presidencia. Para estar más cómodos y cerca de la mesa decidieron sentarse en el piso.

“Ay, esta pizza está deliciosa, Don Fernando. Bueno, es que aparte ya me estaba muriendo de hambre”.

“¡Qué bárbara, Lety! O sea que si no le traía yo de cenar, se hubiera desmayado por tanto trabajo”.

“Ahorita si quiere le enseño lo que llevo. Ya estoy terminando el maquillaje y estaba haciendo unas proyecciones para...”

“Ay no, Lety, por favor. Ya no hable de trabajo. Por lo menos no ahorita. Vamos a darnos un momentito para relajarnos, despejarnos y olvidarnos de todo eso. ¿Qué le parece?”

Lety sonrió: “Está bien, Don Fernando. Tiene razón. Bueno y ¿qué tal estuvo el evento de Cannes?”

Fernando suspiró: “Bien. Todos estaban muy contentos. Menos Ariel. Salió con algo muy extraño que me preocupó. Me dio la impresión de que...No, estamos volviendo al tema de la empresa. Tampoco quiero hablar de eso. Mejor cambiamos de tema”.

“¿Y sobre qué quiere que hablemos, entonces?”

“Pues no sé. Que le parece sí hablamos de....nosotros. De lo que haremos después”.

Lety sonrió pero inmediatamente cambio su expresión por una entre seria y preocupada.

“¿Qué le pasa, Lety?” preguntó Fernando


Continuará...


Canción: Me and My Shadow interpretada originalmente por "Whispering" Jack Smith grabada en 1926

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Saturday, October 21st, 2006
1:48 am - Capítulo 11: Don't Worry, Baby
Esa noche, Lety hizo todo lo posible por escapársele a Fernando, porque no sabía que si él le insistía en lo de la cena, ella iba a caer rendida ante su encanto. Por eso, aprovechó que su jefe había ido a la oficina de Omar para salir rápidamente. Ya en la recepción le pidió a Paula María que le llamara un taxi.

Fernando regresó a Presidencia y llamó a Lety, tenía la esperanza de convencerla de ir a celebrar. “¡Lety! Ya sé que me dijo que no saldría conmigo pero...” Fernando entró a la pequeña oficina que había dentro de la suya y descubrió que estaba vacía. Inmediatamente salió y bajó por el elevador. Ahí se encontró con el cuartel que ya se estaba despidiendo.

“Espérense, espérense. ¿Y Lety?¿Ya se fue?”

Paula María le contestó a Fernando: “Se acaba de ir. Bajó hace un rato y me pidió que le llamara un taxi. Pero pues ya se fue”.

Fernando ni siquiera terminó de escuchar la explicación de la recepcionista porque salió pero sólo alcanzó a ver como se iba el taxi de Lety. Desilusionado, volvió a su oficina y se encontró con que Marcia ya se iba también. Simplemente se miraron serios y cada uno siguió con su camino. Esa noche, los tres la pasaron sin ninguna otra compañía mas que la de sus propios pensamientos y sufrimientos.

Al día siguiente, llegaron los Mendiola, muy temprano, con el León de Oro en las manos, directo desde Francia. Todos los que estaban por ahí se amontonaron alrededor de ellos para ver el trofeo.

Fernando no hizo mucho caso del alboroto que había afuera porque seguía triste pues Lety había llegado hacia rato pero sólo le había dirigido un breve “Buenos días” y se había metido a su oficina.

Mientras trabajaba terminando el balance real para empezar a maquillarlo, Lety trataba de concentrarse todo lo que podía porque sabía que sólo le quedaba un día para tenerlo listo. Pero no podía, a cada momento recordaba el remolino en el que se encontraba atrapada, y sentía una gran desesperación por eso.

Por supuesto que ella quería que su relación con Fernando fuera libre. Que pudieran amarse sin necesidad de ocultarse de los demás. Ser felices y poder gritarlo a los cuatro vientos. Pero, por otro lado, no podía evitar pensar en Marcia, en todo lo que sufriría cuando se enterara de la verdad. Trataba de ponerse en su lugar y pensar, en cómo se sentiría si una mujer como ella, como Leticia Padilla, le hubiera robado al amor de su vida.

Esto sólo lograba provocarle más angustia, y lo último que necesitaba era eso. Tenía que apurarse porque todavía le faltaba mucho trabajo por delante.

Fernando había decidido respetar los deseos de Leticia de estar sola y sin que nadie la molestara, pero ya entrada la tarde decidió acercarse a ella para ver si ya estaba más tranquila.

“¿Lety, podemos hablar?”

La chica dudó un instante, pero finalmente accedió. “Está bien, pero ¿sabe qué Don Fernando? Prefiero que no toquemos ya el tema de Doña Marcia. Es que eso me pone muy mal”.

“Me parece perfecto. ¿Cómo va con el balance?”

“Pues estoy empezando apenas a maquillarlo. Apenas hace un rato terminé el real, pero yo creo que me va a llevar mucho tiempo todavía”.

“¿Necesita que le ayude en algo? A lo mejor podemos terminarlo más rápido si trabajamos juntos”.

“No, Don Fernando. Mire, no es por nada pero no creo que usted entienda muy bien todo lo que estoy haciendo”.

Fernando sonrió un poco y dijo: “Tiene razón, Lety. Fue precisamente por no entender de finanzas y contabilidad que me...perdón, que nos metí en este lío. Oiga pero ¿no quiere descansar tantito? Yo creo que le vendría bien un respiro. Ni siquiera salió a comer. ¿Por qué no viene conmigo al evento de Cannes?”

“No, como cree. Prefiero apurarme a terminar para no llegar muy tarde a mi casa. Además allá va a estar...” antes de terminar la frase se detuvo. “Va a haber mucha gente y usted tiene que atenderlos. Yo me quedo, no se preocupe.”

Fernando decidió no insistir más. “Está bien, pero yo tampoco tengo muchos ánimos de ir por allá. Nada más voy a hacer acto de presencia un rato y después me regreso para estar con usted”.

Lety estaba a punto de decir algo pero su jefe la interrumpió: “Sí, ya sé que no le puedo ayudar con el balance, pero quiero acompañarla hasta que lo termine, y no me diga que no, ¿eh?”

Lety sonrió y aceptó. “Bueno, entonces ya me voy. Y no se me vaya a ir porque le prometo que regreso”. Dicho esto, Fernando salió de la oficina de su asistente, quien se quedó viendo la puerta y, con la sonrisa todavía en los labios suspiró: “Ay, ¡tan divino!”.

Continuará...

Canción: Don’t Worry, Baby interpretada originalmente por los Beach Boys en el disco Shut Down, Vol.2 de 1964

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